Ir al contenido principal

Entradas

Hoy, Jesús sale a nuestro encuentro para decirnos: ¡Alegraos!

“Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.” ¡Cristo ha resucitado!  Y no es una experiencia del pasado, celebración o el recuerdo de algo que sucedió y que con cierta devoción celebramos cada año.  Decir hoy ¡Verdaderamente Cristo ha resucitado! es tener la certeza de que Él está a nuestro lado, que acontece cada día para dar sentido a nuestras vidas.  ¡Ha resucitado! y camina entre nosotros, en los días soleados y también en los que amanece nublado, entre la multitud, en nuestros trabajos cotidianos y en la realidad concreta que es nuestra Galilea, lugar de encuentro con Cristo Resucitado. ¡Verdaderamente Cristo ha resucitado! y lo encontramos entre la multitud, en los santos y santas de la puerta de al lado, en cada rostro que hoy nos recuerda que estamos llamados a ser testigos de Jesús de Nazaret, y anunciar la Buena Noticia sin nada que temer, “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos”. Decir hoy ¡Cristo ha resu...

"Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón..."

“Busca el silencio,  ten alerta el corazón,  calla y contempla” El silencio del sábado nos habla de todo lo pasado. En el cenáculo continúa el aroma del Maestro,  la jofaina y la toalla, ahora quedan a un lado. La mesa quizás sin recoger, recuerda el Pan y el Vino  en las manos de Jesús,  manos que después  atravesaron los clavos fríos. Y sus discípulos,  a los que Él había amado, se quedan sin palabras en el silencio del sábado,  solo pueden recordar al buen Jesús,  al que han visto cargar con la cruz. Las lágrimas de María nos recuerdan el “Sí” de quien como Madre confía diciendo, Padre acepto este sufrir.  El dolor es inevitable por el sufrimiento que su hijo ha vivido. La que, siendo Madre del Hijo de Dios,  mujer que ÉL ha escogido,  llora, como cualquier madre que  ve a su hijo en el sepulcro metido.   Hoy en su corazón resuenan las palabras de Simeón: "Y a ti, Madre,  una espada de dolor  te atra...

Y si tú hubieses estado allí, ¿quién hubieses sido?

Algunos miran de lejos quizás por miedo y dicen:  ¡Yo no soy uno de ellos!  Otros miran avergonzados  tras haber gritado:  ¡Que muera crucificado! Hay quien sale al camino  para limpiar su rostro dolorido.  Muchos acompañan sin saber bien lo que pasa, y otros en cambio sabiendo que ha pasado, prefieren mirar a otro lado.  Espectadores de una escena,  protagonista o no de ella,   miran, acompañan, huyen,  se burlan o consuelan,  al que la muerte de cruz le espera. Y tras recorrer el camino,  de caer y levantarse, de encontrase con su madre,  y decir a las mujeres  que no llorasen,  de ver al Cirineo que ayuda al buen Jesús a cargar con el madero, todo parece que termina,  sobre todo, para los que condenaron,  gritaron o huyeron.  Y al pie de aquel madero, donde fue clavado Jesús. el Maestro bueno, la Madre siempre acompaña, al que muere en cruz y llevó en sus entrañas. Y si tú hubieses estado a...

Hoy me dices que me amas y siguiéndote puedo aprender a amar.

Me invitas a sentarme y ser en tu mesa uno más.  Me dices que ame  como Tú solo sabes amar. Y en el Pan y el Vino tu cuerpo partido y repartido,  y tu sangre  vertida por la humanidad, me dices que no tenga miedo, que siempre conmigo estarás.   Hoy puedo ser Judas,  Andrés, Santiago o Juan. Quizás me toque ser Pedro,  y negarte una vez más.  Pero me sientas a tu lado, y a pesar de mi pecado,  solo sé que estoy al lado  del Maestro que,  desde mi  pobreza,  me ha amado. Me dices que me descalce,  que mis pies quieres lavar,  y a pesar de parecer una locura, Maestro, lávame una vez más. Lánzame a lavar los pies,  y ceñirme la toalla,  para ponerme al servicio del Reino de los pobres, los  sencillos,  los humildes y los pequeños. Hoy me dices que me amas y siguiéndote puedo aprender a amar.  Fali Moreno Imagen: Sieger Köder Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15) “Simón Ped...

Ábreme los ojos para que pueda ver

Ábreme los ojos para que pueda ver, para que mirando al que tengo al lado con mirada compasiva, pueda aliviar su dolor, pues quien con amor mira es capaz de sanar heridas. Cura mi ceguera y déjame mirar como Tú solo puedes ver, porque mirando  como Tú miras, es como puedo vivir amando. Ábreme los ojos, cura mis cegueras, cegueras de indiferencia, cegueras de indolencia, cegueras de no querer, cegueras de quien no ve, y ceguera del que no quiere ver. Ábreme los ojos una y otra vez, muéstrame el camino, y sin pensarlo te seguiré, mirando como Tú miras, amando cada día, sábado y domingo, tarde o mediodía, porque quien mirándote se sabe amado, ama como amas  Tú cada día de la vida. Ábreme los ojos, sana mis heridas. Fali Moreno Fue, se lavó y vio. + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   9, 1-41 Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:  “ Maestro, ¿quién h...

Silencio

Silencio... Hacer silencio, acallar las palabras huecas, cargadas de sonidos pero vacías de sentido. Hacer silencio, y dejar que el grito solo suene por dentro. Para qué gritar si nadie puede escuchar el grito ensordecedor que solo resuena en tu interior. Hacer silencio, callar y contemplar, parar para continuar, perder para encontrar, callar para hablar. Ahondar, ir a lo profundo, hacer silencio, callar voces,  y en la paz y el sosiego, solo el alma responde, porque en lo profundo se encuentra, las repuestas que tu interior esconde. Fali Moreno

Fue tu mirada

Fue tu mirada, la que, mirándome a la cara, me dijo: “No sabes bien lo que esperaba que llegaras”. Que conocieras a quien he conocido, lo ames con todos los sentidos.  Y que conociéndolo y amándolo,  puedas seguir anunciando la noticia siempre nueva, esperanza de quien espera.  Evangelio que transforma y que libera.  Y no sé lo que pasó,  pero sé que sucedió, y esa mirada, Madre, me cautivó,  porque en tu rostro se  reflejaba al que  verdaderamente me esperaba,  Jesucristo, nuestro centro.  Y entendí que eras tú,  quien como discípula del Buen Maestro, y en el rostro de tantas hermanas,  vidas por el Reino entregadas, yo hoy conociera a quien con mano sabia y amorosa,  guía nuestros pasos,  para hacer de esta tierra un lugar de gloria.  Y aquí está la Asunción, que en fortaleza o en fragilidad,  se siente llamada a educar, con sencillez de corazón  en afabilidad y en benevolencia,  en igualdad de c...

Cuaresma, pueblo creyente que en silencio hace camino

Comenzamos un camino, nadie puede comenzar a andar, sin saber a dónde quiere llegar. Andar sin destino es andar perdido. Andar sin un motivo por el que caminar se convierte en un simple pasear, y no se puede pasar por la vida paseando, ya que la vida es camino y solo se hace posible cuando, como dice el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.  Un camino que no hacemos solos sino como pueblo elegido, Iglesia que camina sabiendo cual es su destino.  Lo haces en silencio, no solo por la ausencia de ruidos, sino que, ante el estruendo que ensordece nuestros oídos, siguiendo al Maestro, es capaz de parar y escuchar en el mundanal ruido hasta el más pequeño gemido.  Un recorrido cuaresmal que nos invita a parar y contemplar nuestra humanidad, nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, nuestras fortalezas y nuestra grandeza. Y ver en nuestros compañeros de camino el rostro que, en ocasiones dolorido en silencio grita y en otras celebra lo que acontece en lo cotidia...

Amándome sin medida

Se puede andar solo entre la multitud,  gritar y que nadie te escuche, amar sin que nadie lo sepa,   sufrir sin que a nadie le duela.  Se puede avanzar sin moverte del sitio, callar y que oigan tu voz,  encender la luz y ver la oscuridad, y vivir en la oscuridad en medio de la claridad.  Se puede estar sin estar,  llorar sin lágrimas,  y sonreír sin ser feliz. Se puede, pero no se debe. Vivir es sentir que no estás solo,  que en tu camino alguien anda contigo,  que si gritas, se te escucha, y lo silencios son por no tener la palabra que quizás tú quisiste escuchar. Vivir es amar, ya que de amor nacimos,  y si algún día nos ha faltado,  ama tú al que está a tu lado. Vivir es parar, descansar, avanzar,  y si es necesario volver a empezar. Vivir es callar, porque los silencios hablan.  Vivir es encender una luz en medio de la multitud,  para que guíe a quién a oscuras camina con dudas.  Vivir es ser, estar...

Mi certeza tiene nombre, es Emmanuel, Dios hecho hombre.

Mi certeza tiene nombre Es Emmanuel, Dios hecho hombre. Mi certeza tiene nombre, es Dios hecho hombre. En brazos de María, y con la mirada del buen José en la noche fría, viene para darnos vida y vida sin medida. ¿Cómo puede ser Dios el que nació entre el buey y la mula? Mi certeza tiene nombre, y los ángeles proclaman su venida, pues a este mundo ha llegado el Señor, al que ya Juan el Bautista anunció. ¿Cómo puede ser Dios, si su cuna es un pesebre, y entre heno y trigo duerme quien es rostro de Dios vivo? Mi certeza tiene nombre, y en un rostro concreto manifiesta su hermosura en la noche más oscura. Sin embargo, el que en la noche fría ha venido a este mundo, es “Luz para alumbrar a las naciones,” como canta el buen Simeón. Aquel que siendo niño es Dios y que adoró hasta el más humilde pastor ha venido para ser luz en medio de nuestra realidad. ¿Cómo puede ser que sea Dios, si nace siendo pobre, forastero, y sin una corte que su cuna escolte? Mi certeza tiene nombre, y lo he visto c...

“Esperar es sentarse, descansar y contemplar, y después comenzar a caminar”

“Esperar es sentarse, descansar, contemplar y, después, comenzar a caminar.” Comienza un tiempo de espera, y para esperar hay que parar. Nadie espera mientras camina, mientras corre o mientras se esconde en una esquina y acelera el paso para poder preparar el tiempo de las felicitaciones y regalos. Sino que, en su esperar, se para, y así puede ver llegar a quien espera. Es entonces cuando la espera se convierte en esperanza, ya que el tiempo no ha pasado en vano y te puedes poner a andar. Pues solo se avanza cuando se tiene la certeza de que Aquel que camina a tu lado ha venido para quedarse, ya que es Emmanuel, el rostro de Dios en un niño encarnado. Es imposible percibir lo nuevo que está brotando entre el bullicio de la gente a tu lado, gritando o corriendo para llegar a cualquier lugar. Sin importar nada más, su esperar es solo el medio de transporte que le lleva a otro destino. En este correr desenfrenado de un mundo cada vez más agitado, en el que cada día brotan cosas nuevas que...

¿Quién es ese Rey en un banco acostado?

¿Quién es ese Rey en un banco acostado?   Quién es este Cristo Rey que duerme en un banco, con las manos y los pies atravesados, signo de unos clavos, heridas que aún no han cicatrizado.  Rey de espinas coronado, cuyo trono fue el madero, y a su lado, como Corte noble, solo quedó la madre y su amigo más amado. Rey sin capa, ni coronas doradas.  Aunque la historia lo viste con túnicas recargadas, coronas con piedras preciosas, que dicen de Él poca cosa, ya que no es reflejo de aquel que mirando al madero solo se podía ver un cuerpo destrozado, y aquel letrero:  “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum”.  ¿Quién es ese Rey en un banco acostado? Es el Rey de los sencillos, de los pobres y oprimidos. Rey de los que con corazón de niño, cuida al hermano como si fuera a sí mismo. Rey de un reino, sin castillos, sino de Templos Sagrados, y no hablo de las grandes catedrales, iglesias diocesanas o monacales. Sino de los que participan del gran banquete, PAN DE VIDA CONSAGRAD...