En medio de la multitud, con ramas en las manos y esperanza en el corazón, una vez más levantamos la voz: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! Recordamos aquella entrada humilde, sobre un pollino, mientras el pueblo, con entusiasmo, gritaba: ¡Hosanna, hosanna! Una escena de alegría, de fe sencilla, de corazones que reconocen al Mesías y lo reciben con gozo. Pero también hoy, Señor, sigues llegando. Ya no por las puertas de Jerusalén, sino por los bordes de este mundo herido. Llegas en el horizonte del mar, sobre una patera frágil que carga esperanza y miedo, y una voz que clama: "Solo busco llegar." Hoy también hay quienes extienden alfombras invisibles, no hechas de telas, sino de gestos de acogida, de manos que abren puertas y corazones que abren hogares. Hay quienes te reconocen sin trompetas ni palmas, pero con la certeza silenciosa de que tú, el Hijo de Dios, vienes a salvar. Dichoso el que no pasa de largo. El que se detiene al verte pasar, acomp...
Bienvenido a este rincón, donde las palabras no solo se entrelazan, sino que cuestionan. Un espacio para pensamientos profundos nacidos de la experiencia personal, pero también de la conciencia social; reflexiones que emergen en los momentos de pausa, cuando observar el mundo con atención se vuelve un acto político, y pensar críticamente, una forma de resistencia.