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Mostrando entradas de agosto, 2024

Señor, ¿a quién iremos?

Señor, ¿a quién iremos? pues sólo Tú tienes palabras de vida eterna.  No pregunta “¿dónde iremos?”, pues no es el camino lo que importa, sino el Maestro a quien seguimos, sin importar la vereda, solo junto a Él se llega. La fidelidad no es a un sendero,  a un camino o a una vereda. La fidelidad es a Aquel que es el origen y destino. Todo lo que el mundo ofrece es alimento pasajero, palabras que se lleva el viento, que no sacian el hambre de lo eterno, pero en Ti, Señor, encontramos el pan, el alimento que nutre por dentro, y cada día sales a nuestro encuentro. Creer en Ti es hacer de Ti el centro, el “pan vivo” que sustenta nuestro ser, la fuerza que nos libera y nos guía, en cada tramo de la vida nos invitas a ser, estar y parecer discípulos tuyos, imitándote siempre, caminando, aunque sin saber, sabiendo que a nuestro lado te podemos ver. ¿Quién es el Maestro para mí?, me pregunto, ¿es sólo un nombre, una idea, o es el amigo que me ama y me acompaña, y quien por mí entrega s...

El valor de las pequeñas cosas.

Quizás no lo puedas comprender, pero las cosas solo tienen razón de ser cuando, al mirarlas, descubres todo lo que esconden detrás de aquello que ves. Y aquel cuadro viejo, de ángulos maltrechos, y trazos algo descompasados, aquella imagen que, sin valor aparente, vale más por quienes la miraron, que por sus colores, sus materiales tallados o grabados. Sin números que otorguen un valor desorbitado, se convierte en la mayor obra, porque al mirarla, descubres tu historia. El valor no es un número, ni el juicio de un buen tasador que observa la obra sin conocer su historia. La experiencia no tiene tasación, pues su mayor valor son los ojos de aquellos que un día miraron, rezaron, o recordaron aquellos tiempos, del presente o del pasado. Fueron testigos, medio y experiencia, tejidos hilo a hilo, entretejidos en la urdimbre, para formar el mejor de los tapices. Y cuando no sabes cómo se entrelazan los hilos, nunca entenderás que no cualquier tejido te sirve. Fali Moreno

En tu subir al cielo.

A Ti, Madre. En tu subir al cielo, nos invitas a tocar la tierra, para encontrarnos en lo cotidiano con el rostro del hermano. Para que en tu “Haced lo que Él os diga”, nos pongamos al servicio del Evangelio, de forma callada y sencilla, anunciando como tú lo hacías. Marchando a servir con alegría a nuestros Ain Karem de cada día, y con gozo cantar las grandezas que Dios hace en nuestras vidas. Guardando todo en el corazón, con memoria agradecida, tras las huellas del Señor que nos ama sin medida. Permaneciendo en pie, como tú, Madre, ante el dolor, con la mirada puesta en la esperanza, de que nuestro esperar es Él, tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. En tu subir al cielo, nos invitas a tocar la tierra, para encontrarnos en lo cotidiano con el rostro del hermano. Fali Moreno