Cada Viernes Santo recuerdo el poema “LA PEDRADA” de José María Gabriel y Galán, versos que me enseñó mi catequista, al preguntarle porqué la túnica del Nazareno era morada y la razón de su frente ensangrentada. La catequista Nadia León, “la poetisa”, así yo la llamaba, comenzó a recitar con voz pausada la belleza de la Pedrada. Intensamente resonaron en mi aquellos versos, que tejen la historia de un niño que pudiera parecer travieso, y que sin embargo, se rebela contra aquel hombre perverso que con látigo en mano se pone enfrente del Jesús amado. El poema huele a incienso y a campos castellanos, a tradición y piedad quizás de tiempos ya lejanos. Tiene un soniquete de calles empedradas, especialmente engalanadas para recodar la Pasión de quien con las manos atadas, cruza la mirada para escuchar el clamor de un pueblo que con fe a su Señor aclama. Pero cuando se recita con mesura nos trae a la memoria un recuerdo que siempre perdura, ya los tiempos cambian y sin embargo h...
Bienvenido a este rincón, donde las palabras no solo se entrelazan, sino que cuestionan. Un espacio para pensamientos profundos nacidos de la experiencia personal, pero también de la conciencia social; reflexiones que emergen en los momentos de pausa, cuando observar el mundo con atención se vuelve un acto político, y pensar críticamente, una forma de resistencia.