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Mostrando entradas de marzo, 2026

En este Martes Santo la palabra cae sencilla.

  En este Martes Santo, la palabra cae sencilla, como quien no quiere herir, pero tampoco esconder la verdad: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto.” Y me pregunto: ¿cuántas veces también yo he apurado la noche en mi corazón? ¿En qué momentos he elegido caminos que se alejan, aunque sabía, muy dentro, que no llevaban a la vida? Hay silencios que pesan, decisiones pequeñas que van inclinando el alma sin hacer ruido. Tú no detienes, Señor. No fuerzas. No gritas. Solo dices la verdad y dejas espacio. ¿Soy capaz de quedarme contigo cuando todo invita a irse? ¿O también yo busco atajos, excusas, sombras cómodas? Este martes no pide grandes palabras, solo honestidad. Mirar dentro sin miedo, sin disfraz. Porque incluso ahí, donde no quiero mirar, sigues esperando con una paciencia que no se cansa. Fali Moreno

Bienaventurado quien al acoger al pequeño, descubre en él el misterio escondido de Dios

  Salimos al encuentro con ramos en alto, y, sin embargo, tantas veces pasas de largo en la historia que no queremos mirar. Vienes sin estruendo, despojado, mezclado entre los pasos cansados de los caminos, en quienes no encuentran lugar, en los que cruzan fronteras invisibles y en los que la vida va dejando al borde. Te aclaman los labios, pero tu Reino se revela en lo pequeño, en el rostro herido que nadie nombra, en la dignidad que resiste bajo el peso de cada día, en la esperanza de los últimos, que siguen esperando un gesto, una mirada, un hogar. Entra, Señor, no como huésped fugaz, sino como quien trastoca seguridades y abre caminos. Derriba en nosotros los muros que justificamos, ensancha el corazón hasta que no quepa la indiferencia, y haz de nuestra vida un umbral donde todos encuentren sitio, una mesa compartida, una puerta que no pregunte. Que sepamos reconocerte no en la gloria que deslumbra, sino en la carne viva del hermano, en cada historia que clama justicia y consu...

No me juzgues por mis pies cansados

  No me juzgues por mis pies cansados, que llevo mucho caminado… y aún así, no he dejado de buscar. No te fijes en mi espalda fatigada, es solo el peso de lo que he amado, de lo que no quise abandonar. No me mires a los ojos si su brillo no es el mismo, he visto dolor… pero también a Dios pasar. No mires a mi lado, pues muchos se han marchado, aquellos que un día juraron quedarse; ya no están conmigo, aunque aprendí a dejarlos ir en paz. No preguntes por mis silencios, a veces callo para poder escuchar. No señales mis manos vacías, están así porque aprendí a dar… y a confiar en que siempre se llenarán. No me pidas ser el de ante Dios no me quiere igual, me sueña nuevo, cada día, sin mirar atrás. Y si aún dudas de lo que soy, camina conmigo… no para juzgar, sino para descubrir que en lo pequeño también se aprende a amar. Fali Moreno

Betania, donde la amistad llora y renace la vida.

Betania donde la amistad llora y la vida renace Nadie supo lo que pasaba, pero pasaba todo lo que todos sabían. Nadie entendía del todo, pero en el fondo todo dolía. Y en medio de ese silencio espeso, hay un llanto. Jesús llora. No es un detalle menor. Es revelación. Llora en Betania, lugar de amistad, lugar de descanso del corazón, lugar donde el amor tenía nombre. Lázaro, Marta y María. Betania no es solo un sitio en el camino, es casa, es refugio, es espacio de sanación. Allí Jesús no enseña desde la distancia, vive, comparte, ama. Porque la amistad, en Él, no es un vínculo superficial, ni una compañía pasajera. Es entrega real, es presencia fiel, es un amor que se deja afectar. “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”  Ese amor es concreto. Tiene rostros, historia, cercanía. Y por eso llora. Porque la muerte de Lázaro no es solo un hecho, es la herida de una relación, es el dolor de un vínculo que parece romperse. En ese llanto se revela algo profundo, Dios ha querido ten...

En el silencio de la noche

En el silencio de la noche, cuando el viento apenas susurra, el alma se siente sola, como un corazón que busca sentido, y solo Tú conoces su vacío. A veces la esperanza parece irse, como un hilo de luz que entra débil por la ventana. Sobre una silla, un Evangelio abierto espera, testigo silencioso de la vida que sigue, de la Palabra que toca incluso la soledad y hace sentir que no estamos completamente abandonados. La oscuridad pesa, y todo parece frío y distante. Ni una estrella parece alumbrar, y el silencio se siente como un eco interminable de lo que quisiéramos sostener en nuestras manos. Pero incluso en la soledad, la vida sigue llamando. Como un campo que espera la lluvia, como una semilla que crece en silencio, el corazón puede renacer cuando se abre a la Presencia que siempre lo acompaña, aunque no la vea. Cuando las certezas se quiebran y la fe se vuelve frágil, el corazón sigue latiendo, guiado por esa fuerza que da sentido a cada instante, como la luz que toca la silla y el...

Duerme, San José,

Duerme, San José,  ya estás cansado,  el polvo del camino  te pesa en los pies.  Fue largo el sendero hasta llegar a Belén.  Duerme, San José,  mil puertas llamaste sin hallar un hogar;  nadie comprendía  quién iba a nacer  esa noche santa en Belén.  Duerme, San José,  padre silencioso,  ternura fiel, custodio  del Niño, Emanuel.  Deja que yo arrope el pesebre,  déjame velar por Él.  Duerme, San José,  y que el ángel, en sueños,  te vuelva a hablar,  te muestre el camino,  te enseñe a cuidar.  Dios te ha elegido para amar,  para ser padre y nunca soltar.  Duerme, San José. María vela en la noche, corazón en oración, entre sus manos descansa el Misterio de Dios. Todo lo guarda en su alma, todo lo ofrece en amor. Duerme San José.  Fali Moreno

¿Qué haces tú ahí, buen Jesús?

  Con la llegada de la primavera parece como si el tiempo respirara de otro modo. Algo se aquieta, algo se abre. Nuestras calles se llenan del aroma del incienso, las velas despiertan pequeñas luces en la tarde y, casi sin darnos cuenta, el arte, la cultura y la devoción vuelven a encontrarse. No es solamente una tradición que se repite año tras año, es el corazón humano que, tocado por la belleza, vuelve a levantar la mirada hacia el Misterio. Porque la belleza tiene una fuerza singular: no se impone, pero llama; no obliga, pero despierta. Y cuando despierta, el alma comprende que está hecha para algo más grande. Por eso las cofradías preparan con esmero lo que han recibido de tiempos inmemoriales. Se pulen los varales, se disponen con cuidado los hábitos y los capirotes, las mantillas negras caen con sobriedad sobre los hombros. Cada gesto parece pequeño, pero guarda una memoria profunda. No es solo cultura, ni solamente emoción, es la fe de un pueblo que, a través de signos visi...

Para llegar a las periferias primero hay que saber dónde está el centro

Para llegar a las periferias primero hay que saber dónde está el centro. Con frecuencia escuchamos la invitación a ir hacia las periferias, una llamada que ha resonado con fuerza en la Iglesia, especialmente en el pontificado de Francisco. Y es verdad, estamos llamados a salir, a no quedarnos encerrados, a ir al encuentro de quienes viven en las periferias existenciales y materiales de nuestro mundo. Pero hay una pregunta que no podemos olvidar:   ¿desde dónde salimos? Porque, para que exista una periferia, tiene que existir un centro, el lugar del primer encuentro. Y nadie puede llevar agua a otros si antes no ha bebido de la fuente, o si hemos olvidado el camino que nos lleva al punto de partida, al pozo de donde un día salimos sabiendo cuál era nuestro destino. El centro de nuestra vida no está en nuestras capacidades, ni en nuestras estrategias, ni siquiera en nuestros buenos deseos de ayudar. El centro es Dios. Es el encuentro vivo con Él, que nos mira con misericordia, que no...

¿Señor, eras Tú y no lo supimos?

Liados entre telas, dando lustre y brillo, que todo quede bello, que esté bien derecho, que nada quede torcido. Que se note su presencia, pues Dios no está escondido; habita en el Sagrario aunque nos venza el ruido. Y si movemos esto quizá quede mejor, y si lo ponemos de frente seguro dará devoción. Quitemos lo que sobra, pongamos lo que falta, que no se nos olvide que la Cuaresma avanza. Y en medio del ajetreo sonó entonces la puerta; hubo que detenerse un momento, dejar la mancha del suelo. Era joven, tenía frío, sin lustre y brillo, enfermo, y con la necesidad de que un techo diera cobijo. ¿Qué hacer? Ninguno supimos. Y mi cabeza aún se pregunta: Señor… ¿eras Tú  y no lo supimos? “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, lo hicisteis conmigo” Fali Moreno

Cuando el encuentro cambia el corazón

No fue un acontecimiento exterior extraordinario, sino algo más discreto y, precisamente por eso, más profundo. Una mirada capaz de detener el paso apresurado del corazón y de abrir, casi sin palabras, un espacio interior donde algo nuevo podía comenzar. En ella parecía haber una invitación silenciosa, comprender que la vida en Cristo nace de una idea ni de un proyecto humano, sino de un encuentro. La experiencia que vivió nuestra Madre aquel día en Notre Dame de Paris, cuando escuchó aquellas palabras del padre Lacordaire, se convirtió en un encuentro que quizá aún no era una revelación plena, pero en el que aconteció algo grande en su vida. Porque lo decisivo no era simplemente llegar hasta un lugar o formar parte de una historia. Lo verdaderamente importante era conocer a Aquel que había creado en ella una pregunta, descubrir su presencia, dejarse alcanzar por su amor y aprender, poco a poco, a amarlo y a hacer que se le ame. El Evangelio no es un mensaje que se repite, sino una rea...

Gracias por la Vida

Cada mañana amanece contigo, y el cielo se abre un poco más. Tu luz se cuela por la ventana y nos vuelve a despertar. Te haces presente en lo pequeño, en lo simple, en lo normal, en el café, en una risa, en las ganas de empezar. Nos llamas suave en cada instante: Estate atento al caminar, que el que hoy cruza por tu lado no sea tropiezo, sea encontrar. Paso a paso haces camino, sin ruido, pero de verdad. Y en medio del ruido del mundo susurras: “No caminas solo, mi Padre contigo va.” Y así se nos pasa el día, entre idas y venidas sin más, entre luces y alguna sombra, entre tormenta y claridad. Y cuando el sol vuelve a salir después de hacernos esperar, las flores que nacen despacio nos hablan de tu fidelidad. Pasan las horas… y nos sabemos amados. Aunque a veces mendiguemos un cariño equivocado. Nos caemos y nos levantas. Nos perdonan, perdonamos. Nos sostienen, sostenemos. Y aprendemos que amar es darnos. Y cuando el cielo se apaga y la noche abraza en paz, solo queda el alma en silen...

No solo de recuerdos vive el hombre, la pertenencia exige presencia.

Hay etapas que un día ocuparon cada rincón de la vida, que dieron ritmo a los días y sentido a las noches, y que ahora permanecen apenas como un eco suave que se diluye al amanecer. El corazón humano no ha sido creado para alimentarse de lo que fue, sino para latir en el presente, de lo que es y somos, para abrirse al mañana con la confianza serena de quien intuye que la vida siempre desborda lo que pierde. Son muchos los motivos que conducen a atravesar la experiencia del desprendimiento. A veces es la muerte, ese umbral ante el cual toda palabra se vuelve pequeña. Y, sin embargo, incluso allí donde parece imponerse el silencio definitivo, algo permanece intacto: el amor no se deshace. La fe susurra que quien ha partido no se extingue en la nada; su presencia cambia de modo, pero no de verdad. Permanece en Dios y, desde Él, continúa siendo claridad para nuestros pasos. Entonces el recuerdo deja de ser simple evocación y se convierte en una promesa callada. Otras veces los desprendimie...