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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

El taller del tiempo, Dios entre hilos.

Entré en aquella habitación que, quizás, el tiempo un día cerró y nadie más volvió a abrir. No fue casualidad; algo, sin saber qué, me llevó hasta allí. Subí las escaleras de madera vieja de Tea, que crujían con ese sonido que solo los años saben dar. Su olor peculiar, los peldaños gastados, y, sobre todo, ese aire de recuerdo suspendido en el pasado. La puerta, cerrada sin llave, solo fechada, parecía guardar secretos antiguos, esos que en el letargo parecen dormidos. Solo Dios sabría cuánto tiempo llevaba así. No tardé en descubrir que se trataba de un viejo taller de tejido. Tal vez, alguna vez, de allí salieron prendas que dieron calor en los inviernos, o tapices que adornaron paredes y hogares. Me pregunté de quién habrían sido aquellas manos que trabajaron entre lanas, linos e hilos, tejiendo melodías y sinfonías en aquel rincón que, aunque hoy dormía, aún conservaba la esencia de haber sido un lugar donde, de un simple hilo, nacía la belleza. Abrí la ventana para dejar entrar la...