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Mostrando entradas de abril, 2023

Hoy, Jesús sale a nuestro encuentro para decirnos: ¡Alegraos!

“Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.” ¡Cristo ha resucitado!  Y no es una experiencia del pasado, celebración o el recuerdo de algo que sucedió y que con cierta devoción celebramos cada año.  Decir hoy ¡Verdaderamente Cristo ha resucitado! es tener la certeza de que Él está a nuestro lado, que acontece cada día para dar sentido a nuestras vidas.  ¡Ha resucitado! y camina entre nosotros, en los días soleados y también en los que amanece nublado, entre la multitud, en nuestros trabajos cotidianos y en la realidad concreta que es nuestra Galilea, lugar de encuentro con Cristo Resucitado. ¡Verdaderamente Cristo ha resucitado! y lo encontramos entre la multitud, en los santos y santas de la puerta de al lado, en cada rostro que hoy nos recuerda que estamos llamados a ser testigos de Jesús de Nazaret, y anunciar la Buena Noticia sin nada que temer, “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos”. Decir hoy ¡Cristo ha resu...

"Y a ti, Madre, una espada de dolor te atravesará el corazón..."

“Busca el silencio,  ten alerta el corazón,  calla y contempla” El silencio del sábado nos habla de todo lo pasado. En el cenáculo continúa el aroma del Maestro,  la jofaina y la toalla, ahora quedan a un lado. La mesa quizás sin recoger, recuerda el Pan y el Vino  en las manos de Jesús,  manos que después  atravesaron los clavos fríos. Y sus discípulos,  a los que Él había amado, se quedan sin palabras en el silencio del sábado,  solo pueden recordar al buen Jesús,  al que han visto cargar con la cruz. Las lágrimas de María nos recuerdan el “Sí” de quien como Madre confía diciendo, Padre acepto este sufrir.  El dolor es inevitable por el sufrimiento que su hijo ha vivido. La que, siendo Madre del Hijo de Dios,  mujer que ÉL ha escogido,  llora, como cualquier madre que  ve a su hijo en el sepulcro metido.   Hoy en su corazón resuenan las palabras de Simeón: "Y a ti, Madre,  una espada de dolor  te atra...

Y si tú hubieses estado allí, ¿quién hubieses sido?

Algunos miran de lejos quizás por miedo y dicen:  ¡Yo no soy uno de ellos!  Otros miran avergonzados  tras haber gritado:  ¡Que muera crucificado! Hay quien sale al camino  para limpiar su rostro dolorido.  Muchos acompañan sin saber bien lo que pasa, y otros en cambio sabiendo que ha pasado, prefieren mirar a otro lado.  Espectadores de una escena,  protagonista o no de ella,   miran, acompañan, huyen,  se burlan o consuelan,  al que la muerte de cruz le espera. Y tras recorrer el camino,  de caer y levantarse, de encontrase con su madre,  y decir a las mujeres  que no llorasen,  de ver al Cirineo que ayuda al buen Jesús a cargar con el madero, todo parece que termina,  sobre todo, para los que condenaron,  gritaron o huyeron.  Y al pie de aquel madero, donde fue clavado Jesús. el Maestro bueno, la Madre siempre acompaña, al que muere en cruz y llevó en sus entrañas. Y si tú hubieses estado a...

Hoy me dices que me amas y siguiéndote puedo aprender a amar.

Me invitas a sentarme y ser en tu mesa uno más.  Me dices que ame  como Tú solo sabes amar. Y en el Pan y el Vino tu cuerpo partido y repartido,  y tu sangre  vertida por la humanidad, me dices que no tenga miedo, que siempre conmigo estarás.   Hoy puedo ser Judas,  Andrés, Santiago o Juan. Quizás me toque ser Pedro,  y negarte una vez más.  Pero me sientas a tu lado, y a pesar de mi pecado,  solo sé que estoy al lado  del Maestro que,  desde mi  pobreza,  me ha amado. Me dices que me descalce,  que mis pies quieres lavar,  y a pesar de parecer una locura, Maestro, lávame una vez más. Lánzame a lavar los pies,  y ceñirme la toalla,  para ponerme al servicio del Reino de los pobres, los  sencillos,  los humildes y los pequeños. Hoy me dices que me amas y siguiéndote puedo aprender a amar.  Fali Moreno Imagen: Sieger Köder Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15) “Simón Ped...