Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2023

Ábreme los ojos para que pueda ver

Ábreme los ojos para que pueda ver, para que mirando al que tengo al lado con mirada compasiva, pueda aliviar su dolor, pues quien con amor mira es capaz de sanar heridas. Cura mi ceguera y déjame mirar como Tú solo puedes ver, porque mirando  como Tú miras, es como puedo vivir amando. Ábreme los ojos, cura mis cegueras, cegueras de indiferencia, cegueras de indolencia, cegueras de no querer, cegueras de quien no ve, y ceguera del que no quiere ver. Ábreme los ojos una y otra vez, muéstrame el camino, y sin pensarlo te seguiré, mirando como Tú miras, amando cada día, sábado y domingo, tarde o mediodía, porque quien mirándote se sabe amado, ama como amas  Tú cada día de la vida. Ábreme los ojos, sana mis heridas. Fali Moreno Fue, se lavó y vio. + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   9, 1-41 Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:  “ Maestro, ¿quién h...

Silencio

Silencio... Hacer silencio, acallar las palabras huecas, cargadas de sonidos pero vacías de sentido. Hacer silencio, y dejar que el grito solo suene por dentro. Para qué gritar si nadie puede escuchar el grito ensordecedor que solo resuena en tu interior. Hacer silencio, callar y contemplar, parar para continuar, perder para encontrar, callar para hablar. Ahondar, ir a lo profundo, hacer silencio, callar voces,  y en la paz y el sosiego, solo el alma responde, porque en lo profundo se encuentra, las repuestas que tu interior esconde. Fali Moreno

Fue tu mirada

Fue tu mirada, la que, mirándome a la cara, me dijo: “No sabes bien lo que esperaba que llegaras”. Que conocieras a quien he conocido, lo ames con todos los sentidos.  Y que conociéndolo y amándolo,  puedas seguir anunciando la noticia siempre nueva, esperanza de quien espera.  Evangelio que transforma y que libera.  Y no sé lo que pasó,  pero sé que sucedió, y esa mirada, Madre, me cautivó,  porque en tu rostro se  reflejaba al que  verdaderamente me esperaba,  Jesucristo, nuestro centro.  Y entendí que eras tú,  quien como discípula del Buen Maestro, y en el rostro de tantas hermanas,  vidas por el Reino entregadas, yo hoy conociera a quien con mano sabia y amorosa,  guía nuestros pasos,  para hacer de esta tierra un lugar de gloria.  Y aquí está la Asunción, que en fortaleza o en fragilidad,  se siente llamada a educar, con sencillez de corazón  en afabilidad y en benevolencia,  en igualdad de c...