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Mostrando entradas de abril, 2026

Cuando la indiferencia vence. Educación para la paz

En un mundo que parece girar al ritmo de los conflictos, donde las noticias de guerra ya no nos sobresaltan como antes, resuena con fuerza la palabras del Papa en el Regina Coeli del domingo de Pascua:  “Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes a la muerte de miles de personas. Indiferentes a las repercusiones de odio y división que los conflictos siembran. Indiferentes a las consecuencias económicas y sociales que producen y que todos percibimos.” Esta afirmación no es solo un diagnóstico, es también una llamada urgente. Porque la indiferencia, más que la violencia misma, es el terreno donde la violencia crece sin resistencia. Cuando el dolor ajeno deja de interpelarnos, algo esencial en nuestra humanidad comienza a apagarse. Desde una mirada pedagógica, educar para la paz no es un añadido opcional, sino una necesidad radical. No se trata únicamente de enseñar contenidos sobre conflictos o derechos humanos, sino de f...

Cristo ha resucitado y no es solo recuerdo.

  ¡Cristo ha resucitado! Y no es solo recuerdo, ni algo que quedó atrás, ni una emoción que vuelve cada año. Es vida presente. Es certeza que sostiene. Es alguien que camina a nuestro lado. Decir hoy: ¡Cristo ha resucitado! es reconocer que Él está aquí, en lo cotidiano, en lo pequeño, en lo que a veces pasa desapercibido. ¡Ha resucitado! y camina entre nosotros: en los días luminosos y también en los nublados, en medio de la gente, en el trabajo de cada día, en esa Galilea nuestra donde la vida sucede. Y también en medio del dolor del mundo: en las guerras que desgarran pueblos, en quienes huyen dejando atrás su hogar, en los que cruzan fronteras con miedo y esperanza, en las lágrimas silenciosas de tantas familias, en la soledad de quien no encuentra consuelo. Ahí también está Él. Ahí nos espera. Ahí nos llama. Porque es ahí, en nuestra Galilea concreta, herida y esperanzada a la vez, donde Él nos sale al encuentro. ¡Cristo ha resucitado! y se deja encontrar en los rostros cercan...

Algunos miran de lejos con el alma encogida

Algunos miran de lejos, con el alma encogida, como quien teme que el dolor pueda pronunciar su nombre. Y susurran, casi al viento: yo no soy de los suyos, mientras el miedo les va cerrando los ojos. Otros bajan la frente, porque aún les arde en la boca el grito que no se borra: ¡crucifícalo!, y la noche les crece por dentro. Pero hay manos que se acercan, lentas, humildes, como oración que no hace ruido, y enjugan el rostro herido de un Dios cubierto de polvo y ternura. Muchos caminan sin saber, como hojas llevadas por el viento, y otros, sabiendo, se refugian en la sombra cómoda de no mirar, de no sentir, de no dejarse herir. Y en esa orilla del mundo somos todos: mirada, huida, piedra o caricia, silencio que consuela o risa que hiere. Va pasando el camino… cae y se levanta la Esperanza, se encuentra con los ojos de la Madre, donde cabe todo el dolor sin romperse. Y a las mujeres les deja palabras como semillas de consuelo, mientras un hombre cualquiera, arrancado de su rutina, descub...

Me sientas a la mesa

Vienes en silencio y me llamas por mi nombre. Me invitas a sentarme a tu mesa, a quedarme contigo, a ser uno más. Y no me pides nada, solo que abra el corazón, solo que me deje querer. Partes el pan… y en ese gesto te partes tú. Lo repartes… y en ese gesto te quedas en todos. Te haces cercano, te haces pequeño, te haces alimento. Y me miras así, como soy. Y yo me pregunto: ¿puedo quedarme aquí, sin esconderme, sin aparentar? Porque hoy también puedo fallarte, puedo negarte, puedo marcharme lejos. Y sin embargo, no me retiras tu lugar. No me cierras la mesa. No me quitas tu amistad. Te levantas, te inclinas, te arrodillas ante mí. Y el mundo se detiene. Tomas mis pies cansados, mi polvo, mi camino torcido… y los lavas con ternura. Y otra vez me pregunto: ¿te dejo hacer? ¿me dejo amar así? Porque cuesta recibir, cuesta confiar, cuesta saberse necesitado. Pero tú insistes… y amas. Y cuando terminas, cuando el silencio habla, me susurras despacio: “haz tú lo mismo”. Y vuelve la pregunta: ¿...

Miércoles Santo “Uno de ustedes…”

En la mesa hay pan, pero pesa más el silencio. Las manos tiemblan, no por hambre, sino por la sospecha. “Uno de ustedes…” La frase cae como una piedra en el agua quieta del corazón, y las miradas ya no son ventanas, sino espejos que incomodan. ¿Quién soy yo cuando la noche se acerca? ¿Soy el que promete fidelidad o el que negocia en la sombra? El pan se parte, pero también se parte la confianza. El vino se derrama, pero también la certeza de conocerse a sí mismo. “¿Acaso soy yo, Señor?” Pregunta que no busca información, sino misericordia. Pregunta que no señala al otro, sino que se atreve a entrar en la propia grieta. Porque traicionar no siempre es besar en la oscuridad, a veces es callar cuando hay que amar, huir cuando hay que quedarse, olvidar cuando hay que recordar. Y, sin embargo, Él sigue repartiendo el pan. No retira la mesa, no rompe la alianza, no deja de mirar con ternura. Hoy, en esta mesa que es mi vida, donde conviven luces y sombras, me atrevo a quedarme en la pregunta...