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Mi certeza tiene nombre, es Emmanuel, Dios hecho hombre.


Mi certeza tiene nombre
Es Emmanuel, Dios hecho hombre.

Mi certeza tiene nombre,
es Dios hecho hombre.

En brazos de María,
y con la mirada del buen José en la noche fría,
viene para darnos vida y vida sin medida.

¿Cómo puede ser Dios
el que nació entre el buey y la mula?

Mi certeza tiene nombre,
y los ángeles proclaman su venida,
pues a este mundo ha llegado el Señor,
al que ya Juan el Bautista anunció.

¿Cómo puede ser Dios,
si su cuna es un pesebre,
y entre heno y trigo duerme
quien es rostro de Dios vivo?

Mi certeza tiene nombre,
y en un rostro concreto
manifiesta su hermosura
en la noche más oscura.

Sin embargo, el que en la noche fría
ha venido a este mundo,
es “Luz para alumbrar a las naciones,”
como canta el buen Simeón.

Aquel que siendo niño es Dios
y que adoró hasta el más humilde pastor
ha venido para ser luz
en medio de nuestra realidad.

¿Cómo puede ser que sea Dios,
si nace siendo pobre,
forastero,
y sin una corte que su cuna escolte?

Mi certeza tiene nombre,
y lo he visto caminar,
entre los ricos y los pobres,
entre aquellos que ni siquiera tienen nombre.

Entre la multitud agotada,
fortaleciendo su fragilidad,
en medio de una humanidad
cansada de tanto andar.

Con mil nombres diferentes,
moviéndose entre la gente,
y en cada rostro
se refleja la grandeza de Dios.

Y en ti se manifiesta su belleza.
Y lo adoro, y ante Él me postro,
como los sabios tras la Natividad.

Pero no ante un Dios figura de barro o cristal,
sino delante de Aquel que se hizo hombre
y es presencia viva en cada instante de la vida.

Dios se hace hombre,
para acercar su Divinidad
a nuestra propia humanidad.

Mi certeza tiene nombre,
porque siendo Dios se hizo hombre,
y cada día lo contemplo,
ya que en cada momento
Él continúa naciendo,
allí donde la humanidad
busca en el Emmanuel
la paz, el bien y la alegría.

Navidad no es un día al año;
Navidad es tener la certeza
de que nuestra humanidad
es reflejo de su Divinidad,
que aconteció aquella noche.

Y tu casa o la mía puede ser,
cada día, posada o portal.

Y su venida no fue llegada
con anuncio de despedida,
sino que en Dios encarnado
podemos tener la certeza
de que siempre estará a nuestro lado.

Rafael Cristo Moreno Rodríguez




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