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Mostrando entradas de junio, 2025

La belleza en la fragilidad

Parecía invisible, forjada a fuego, sin que nadie doblara una sola línea de tu vara. Erguida como certeza, como si el hierro creyera que el tiempo no lo alcanzaría. Pero vino la brisa, y el salitre, y el vaivén eterno del mar. No gritaron, no golpearon. Y tú, barandilla altiva, comenzaste a ceder. El óxido te fue tomando, silencioso, sin que nadie lo pudiera ver. Lo que el hombre levantó con fuerza, el mar lo deshizo con paciencia. ¿No es esa la lección? Que la constancia del agua vence al martillo de acero, al yunque de la fragua, al fuego más feroz. Que hay sabiduría en lo sutil, que la fuerza nunca vio venir. ¿Cuál es tu inmensidad, mar? ¿Dónde termina tu forma? ¿En los límites de la arena? ¿En los ojos que no logran abarcarte? ¿Cómo afirmar tal cosa, si el alma se conmueve, mar, con solo mirarte? Porque cuando cae lo firme, cuando se oxida la certeza, cuando el hierro cruje sin guerra, el alma se encoge y comprende. Comprende que la inmensidad no se mide en metros, sino en la humil...

Trozos

La vida, hecha pedazos. Partículas flotando sin forma, sin medida. Todo está roto. El desorden es el único orden que queda. Restos que ya no cuentan lo que fueron, solo sombras, fragmentos sin historia visible. Un cacharro más, inútil tal vez, pero aún observado, aún esperado por ojos que no saben lo que miran. Sin ver, sin sentir, solo estar, seguir estando, como si eso bastara. El silencio, ese que no se dice, comienza a significar. Grita sin voz lo que tu cuerpo calla. Y las palabras, esas que no quieres decir llenan el espacio como un deber. Como un disfraz. Como una costumbre. Y entonces, te preguntas: ¿Quién recogerá los trozos?