Cada año, me gusta decir que esta es la festividad de la memoria siempre agradecida. Una fiesta que no solo recuerda, pues el recuerdo a veces se olvida, sino que conmemora; y ese acto de conmemorar lleva en sí mismo un homenaje y una celebración de la vida de aquellos que ya no están. De quienes un día nos dieron la vida y que, sin estar, siguen presentes en nuestro día a día. Un tributo que mira al pasado, no con nostalgia por lo que guardamos dentro, sino reviviendo lo que quedó grabado en el corazón. Vivir con una memoria agradecida hacia tantas y tantos que nos precedieron y allanaron nuestro camino con esfuerzo, pues a veces, al vivir tan solo en el presente, olvidamos el pasado. Olvidamos a quienes trazaron los senderos por los que hoy andamos, a quienes vivieron tiempos difíciles, mis abuelos, los tuyos, que con el trabajo de sus manos, construyeron nuestro futuro. Homenajear la vida de quienes caminaron a tu lado, de quienes con una mano delicada acariciaron tu rostro mil vece...
Bienvenido a este rincón, donde las palabras no solo se entrelazan, sino que cuestionan. Un espacio para pensamientos profundos nacidos de la experiencia personal, pero también de la conciencia social; reflexiones que emergen en los momentos de pausa, cuando observar el mundo con atención se vuelve un acto político, y pensar críticamente, una forma de resistencia.