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Mostrando entradas de agosto, 2025

Vida sin medida.

Manos abiertas, generosas, llenas de vida. Manos que llevan semilla y la esparcen para que la vida brote. Caen en tierra porque no retienen lo que guardan dentro; dejan caer el fruto de la vida y no se cierran en puños que aprisionan, pues lo que se encierra muere consigo mismo, no da fruto, queda en el olvido. Las manos abiertas son signo de entrega y de confianza: lugar donde la vida se comparte y se multiplica. Ojos que se abren no para juzgar, sino para conocer. Ojos capaces de descubrir entre la maleza una flor y, en medio de las flores, la hierba que impide florecer. Ojos que reconocen la verdad y la belleza escondida, que miran al otro con respeto, ternura y compasión. Ojos que hablan sin palabras, pues en su sola presencia resplandece el Maestro, el que nos enseñó a mirar y a amar. Pies descalzos que sienten la tierra y en ella encuentran sentido al camino. Pies que se manchan de barro para recordarnos una y otra vez que somos criaturas, modeladas del polvo por las manos del Ar...

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...