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Bienaventurados los que esperan

Bienaventurados los que esperan, y en su esperar siembran la esperanza en la tierra fértil en la que Dios se encarna. Bienaventurados los que despiertan cada día y fijan la mirada en el horizonte de la vida. Bienaventurados los que se ponen en camino para allanar la senda de quien se encuentra perdido. Bienaventurados los que hacen el bien y descubren en el otro el rostro de Dios Emmanuel. Bienaventurados quienes preparan la mesa, la comida y la cama para acoger a quien, en la noche, no tiene posada. Bienaventurados son aquellos que esperan sin esperar y se entregan al hermano sin mirar quién es cada cual. Bienaventurados somos todos, porque en todos se refleja la bienaventuranza de DIOS hecho hombre, y en ti se refleja la belleza de su creación más perfecta. Bienaventurados los que esperan… Rafael Moreno

Mira tus manos, contémplalas, están llenas de vida...

Mira tus manos,   son manos que acarician la vida,   que señalan el camino a quien de el se desvía.   Manos que secan lágrimas,   bien sean las tuyas o las mías.   Manos que festejan y aplauden,   y que se alzan al cielo como alabanza a Dios Padre.   Manos agotadas, con grietas y cicatrices.   Manos que abrazan al que llega,   entonando ! Qué bueno que viniste!   Manos que no son mías,   sino tuyas, Señor, hazlas instrumento de AMOR y VIDA. Mira tus manos,   contémplalas, están llenas de vida...   "Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo". Lucas 24, 50-51 Fali Moreno

¿ Para qué queremos oír si no queremos escuchar? ¿ Para qué queremos hablar si no anunciamos la verdad?

“Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete»” Abre mis ojos, pero no permitas que me ponga las gafas oscuras de la indiferencia, que miran a otro lado sin que nadie se de cuenta.  Abre mis labios, y hazme ser anuncio de la verdad, y no permitas que mi voz sea un hablar por hablar, sino que sea siempre anuncio de la verdad, y si no es así, vuélvela a cerrar.  Abre mis oídos, para escuchar sin miedo al que está conmigo, para percibir los silencios, los susurros o los gritos. No permitas que mi sordera la causen tantos ruidos y que acallen tu voz clara que me dice: “YO ESTOY CONTIGO”. “Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos»” ( Marcos 7,31-37) ¿ Para qué queremos oír si no queremos escuchar? ¿ Para qué queremos hablar si no anunciamos la verdad? Fali Moreno

Y si no la dejas pasar, volverá la brisa a refrescar.

Existen silencios que no llenan las palabras, y soledades que no se habitan con compañías.  Lágrimas que no necesitan consuelos, y duelos que no son muerte sino vida.  Risas que no son fruto de alegrías,  y alegrías que se marchitan cada día.  Huecos que no se llenan con personas,  y personas invisibles en la vida.  Gritos que no se escuchan,  y oscuridades que la luz no ilumina.  Brisas que no refrescan,  y agua que la sed no calma. Momentos que no terminan,  y días para la monotonía.  Y aunque parezca mentira,  así va pasando la vida. Y si no la dejas pasar,  volverá la brisa a refrescar, la luz a iluminar,  y el agua la sed calmar.  Fali Moreno

Mujer de nuestro barro, orgullo de nuestra raza

M ujer de nuestro barro, orgullo de nuestra raza.  Mujer llena de confianza, que con “Sí” nuestra historia cambia.  Mujer siempre agradecida, que proclama las grandezas que Dios ha hecho en su vida.   Mujer de pequeños detalles, que con su “haced lo que él os diga”, devuelve a la boda la alegría.  Mujer que subes al cielo, para decir una vez más “ hágase en mí según tu palabra ”

Y cuando todo se acabe...

Y cuando todo se acabe,  me iré tranquilo sin que nadie me pare, sin mirar atrás, sin pensar en nada más.  Caminaré pausado sabiendo que siempre estuviste a mi lado,   sin prisas me uniré a la suave brisa,  y en mi pasar sereno solo se me preguntarán:  Y tú, ¿qué hiciste de bueno?    Fali Moreno

“La poetisa”, así yo la llamaba, comenzó a recitar con voz pausada la belleza de La Pedrada.

  Cada Viernes Santo recuerdo el poema “LA PEDRADA” de José María Gabriel y Galán, versos que me enseñó mi catequista, al preguntarle porqué la túnica del Nazareno era morada y la razón de su frente ensangrentada. La catequista Nadia León, “la poetisa”, así yo la llamaba, comenzó a recitar con voz pausada la belleza de la Pedrada. Intensamente resonaron en mi aquellos versos, que tejen la historia de un niño que pudiera parecer travieso, y que sin embargo, se rebela contra aquel hombre perverso que con látigo en mano se pone enfrente del Jesús amado. El poema huele a incienso y a campos castellanos, a tradición y piedad quizás de tiempos ya lejanos. Tiene un soniquete de calles empedradas, especialmente engalanadas para recodar la Pasión de quien con las manos atadas, cruza la mirada para escuchar el clamor de un pueblo que con fe a su Señor aclama. Pero cuando se recita con mesura nos trae a la memoria un recuerdo que siempre perdura, ya los tiempos cambian y sin embargo h...

Entra Señor en nuestras vidas y haz de nosotros casa con cartel de “BIENVENIDA”

Los que hoy aclaman ¡HOSANNA!, mañana no recordarán nada. Y la euforia del momento terminará en triste tormento de ver al   Hijo de Dios en una cruz muerto. ¡Bendito el que viene!, decían al buen Jesús, y sin embargo los que hoy aclaman tu entrada, mañana no recordarán nada y pedirán muerte de cruz. ¿Cuál Señor fue tu mirada, que a pesar de una muerte ya anunciada, entraste triunfante para salvar a quien hasta el extremo amas? Y sin embargo hoy continúas pasando, ya que cada día te vemos entrando a lomo de un asno, en una patera navegando, en las largas colas de hambre y pasando por uno de tantos entre las injusticias de una humanidad que hemos ido creando. Y sí, Señor, te seguimos aclamando pero ante un Dios de barro que se esconde entre las flores y las palmas de cualquier Domingo de Ramos. Y pocos te ven entre las multitud, entre aquellos que llevan tu nombre, tu rostro, tus heridas, en aquellos los “sin nombres” por los que Tú diste la vida. Entra Señor en nuestras ...

Un año después

Un año después… Un año después en el que tuvimos que cerrar puertas y abrir ventanas, de miedos sin saber lo que en realidad pasaba, de muchas idas sin despedidas, de proyectos que terminan y de otros que comienzan en esta nueva etapa de la vida. Un año después en el que sufrías cuando el vecino lo hacía, y en el que los aplausos rompían la monotonía. Un año después en el que la sonrisa fuera nuestra aliada, aunque pronto una mascarilla tapara media cara. Un año de soñar en que todo esto acabara para volver a abrazar y tocar sin miedo a nada. Solo queda aprender de lo vivido, de saber que la vida es plena si la vivo contigo y que la soledad únicamente es buena cuando soy yo quien lo decido. Que la fragilidad queda fortalecida cuando alguien cuida de tu vida. Que somos pueblo y no masa, pues solo en medio del pueblo puede nacer la esperanza. Un año después de saber que todo lo acontecido no puede quedar en el olvido y no solo las medidas sanitarias para frenar el dichoso vir...

Y fueron y lo vieron…

  Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía  ( Juan 1,35-42) Y fueron y lo vieron… Lo vieron entre los pobres pasando por uno de tantos, y entre los sin nombres lo vieron caminando. Lo vieron entre los que nadie lo veía, pero a su paso se dieron cuenta que en sus huellas germinaba la vida. Lo vieron en los enfermos, en donde su Palabra es consuelo que da la vida, lo vieron incluso sanando aunque fuera escándalo para algunos cuantos. Lo vieron entre aquellos que se enriquecen de lo ajeno, lo vieron compartir y después ellos compartieron. Lo vieron sentado en un pozo, o escribiendo en el suelo, que grandes fueron aquellas que en Él encontraron consuelo. Lo vieron entre los pequeños y en mil gestos de cariño, escuchándole decir que nadie entra en el ci elo si no es como un niño. Entonces fueron, vieron dónde vivía    ¿Dónde vives? Él les dijo: «Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ...

Dios de la vida y Señor del tiempo.

Te damos las gracias por este tiempo, en el que a cada instante Tú has salido a nuestro encuentro. Te damos gracias por cada uno de los 365 días en el que tu amor sin medida se ha hecho presente en nuestras vidas. Y en este año de enfermedad, enséñanos Padre a sanar, a curar heridas y a ser aliento de vida, dando a conocer tu amor sin medida. Que nosotros seamos mirada de un amor que no se acaba. Que seamos brazos que acogen sin descanso, y palabra que reconforta al que mal lo pasa. No nos deje nunca de acompañar ya que en nuestro caminar, necesitamos tu presencia VIVA, esperanza para esta humanidad. Te damos gracias por levantarnos de nuestras caídas, por ser salud en nuestras heridas, aliento en nuestros proyectos, comunión con Dios en nuestros encuentros,   y Palabra y Vida en todo momento. Te pedimos que nos sigas acompañando y en el nuevo año que estamos comenzando, seas siempre Padre el que nos sigas animando a ir por el mundo entero para seguir anunciado que er...

No es un año para olvidar, sino un año para recordar.

No podemos culminar 2020 diciendo que es un año para olvidar, quizás cuando deseamos borrar de nuestra memoria este año, lo hacemos sin duda alguna porque ha dejado en nosotros una huella profunda llena de dolor, incertidumbres y miedos. Sin embargo, el 2020 nunca se debe eliminar de nuestra memoria, mirar al pasado nos recordará que somos parte de un episodio de la historia, en el que cada uno a su medida ha sido protagonista, espectador, guionista, músicos, animador…             Un año para recordar la importancia de la solidaridad, y no solo a la hora de darse, sino también de quedarse. Que cuido si me cuido, y que por encima de la mascarilla también es posible hacer un gesto de cariño. Un año para recordar que somos vulnerables, frágiles y que la salud no entiende de fronteras, pobrezas o riquezas, de colores ni de grandes Potencias. Que para esto, todos hemos sido uno aunque lamentablemente, algunos solo pensaron en lo su...

Me pongo en tus manos

  Me pongo en tus manos, para que restaures mi ser de barro, ya que con tu aliento de vida me haces el mejor de los cacharros. Me pongo en tus manos, para que unas mis pedazos, y hagas la obra que Tú para mí has pensado. Me pongo en tus manos, me dejo hacer y aunque a veces me resista no dejes que mi greda quiebre, y continúa haciendo la obra que de mí quieres. Me pongo en tus manos, y confieso que en ocasiones dudo, pero cuando descubro tu presencia me vuelvo a sentir seguro. Me pongo en tus manos, y a veces tengo miedo, y no solo se trata de la opción entre el infierno o el cielo, sino de nunca defraudar a quien es mi alfarero. Me pongo en tus manos, sin saber bien lo que hago, pero en ti confío , para ser vasija, lámpara o cacharro. Me pongo en tus manos, y si algún día entre mis idas y venidas me dejo caer, ALFARERO RESTÁURAME OTRA VEZ.   Me pongo en tus manos… Fali Moreno *Imagen de Jutta Einhaus en Pixabay

Proclama mi alma la grandeza

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Proclama mi alma su grandeza,  porque siendo Dios se encarna en la pobreza,  y en un pesebre conocimos a quien desde el principio fue alimento para el camino. Se alegra mi espíritu en Él, porque se fija en lo sencillo,  en lo humilde, en lo pequeño y en lo que para muchos es desapercibido.   Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación . Y a ti María, todas las generaciones te felicitarán, ya que de tu Sí de generosidad, al Emmanuel conocimos en la humildad de un portal. Cómo no poner en ti la mirada, si tus brazos fueron cuna de la VIDA en desmesura. Cómo no decirte MADRE, si generación tras generación en ti tenemos la certeza de nue stro fiarse en DIOS cada día. Él hace proezas con su brazo:...

Vivir la vida siempre con memoria agradecida.

Memoria agradecida es mirar siempre al pasado, no con añoranza   o nostalgia de lo que en el corazón tenemos guardado, sino para poder revivir lo que en la recuerdo quedó anclado y que nos hace vivir el presente, ya que somos fruto del pasado. Vivir con memoria agradecida de tantos y tantas que nos han precedido en la vida y que allanaron con esfuerzo nuestro camino. De aquellos que vivieron tiempos duros y que con el esfuerzo de su trabajo construyeron nuestro futuro. Memoria agradecida de quien anduvo a tu lado y que con mano delicada acarició mil veces tu cara y que con una mirada no hacía falta palabras. Memoria agradecida de quien un día apareció en tu camino y orientó tu destino.   Memoria agradecida de nuestras tradiciones, de nuestra forma de ser y de nuestras expresiones, que en el tiempo no quedaron perdidas ya que cada día alguien las revivía. Memoria agradecida de quien la vida no le dio una oportunidad, y que ahora desde el cielo no nos dejan de acompañar,...

Manuel García Morente.

  Manuel García Morente “Allí estaba Él. Yo no lo veía, yo no lo oía, yo no lo tocaba. Pero Él estaba allí”                                                                                                        El hecho extraordinario   Con estas palabras el filósofo Manuel García Morente, describe lo que él mismo llamará “El hecho extraordinario”. Un hecho, en el que Dios se manifiesta en la fragilidad humana, transformando por entero a la persona y que pone al filósofo ante una Presencia que no ve, que no escucha, que no conoce, pero que siempre estuvo en él: “parecíame andar siempre a mi lado Jesucristo”. Las calles de París se convirtieron para García Morente en un camino de Emaús, en las que el filósofo expe...