Ir al contenido principal

En el silencio de la noche


En el silencio de la noche,

cuando el viento apenas susurra,

el alma se siente sola,

como un corazón que busca sentido,

y solo Tú conoces su vacío.

A veces la esperanza parece irse,

como un hilo de luz que entra débil

por la ventana.

Sobre una silla, un Evangelio abierto espera,

testigo silencioso de la vida que sigue,

de la Palabra que toca incluso la soledad

y hace sentir que no estamos completamente abandonados.

La oscuridad pesa,

y todo parece frío y distante.

Ni una estrella parece alumbrar,

y el silencio se siente como un eco interminable

de lo que quisiéramos sostener en nuestras manos.

Pero incluso en la soledad,

la vida sigue llamando.

Como un campo que espera la lluvia,

como una semilla que crece en silencio,

el corazón puede renacer

cuando se abre a la Presencia que siempre lo acompaña,

aunque no la vea.

Cuando las certezas se quiebran

y la fe se vuelve frágil,

el corazón sigue latiendo,

guiado por esa fuerza que da sentido

a cada instante,

como la luz que toca la silla y el Evangelio,

silenciosa, constante, cercana.

Es en esa noche de abandono y recogimiento

donde se descubre la comunión verdadera:

la presencia que sostiene,

que da fuerza al que se siente débil,

que transforma la soledad en encuentro.

Y aunque la sombra abrume,

aunque todo parezca quieto y oscuro,

la luz permanece,

suave y firme,

como la Palabra abierta sobre la silla,

como la esperanza que renace

en el corazón dispuesto a recibirla.

Fali Moreno



Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

La Cuaresma un hecho que irrumpe y nos provoca

La Cuaresma vuelve cada año como una llamada discreta pero insistente al corazón humano, como un hecho que irrumpe y nos provoca. No es simplemente un tiempo de prácticas externas, sino la ocasión de verificar qué sostiene realmente nuestra vida. En medio del ruido y la dispersión, la Iglesia nos ofrece estos días para redescubrir algo elemental y decisivo, sin oración el cristianismo se reduce a ética, a tradición cultural o a emoción pasajera. Se vuelve discurso, memoria de algo que fue. Con oración, en cambio, la fe vuelve a ser experiencia viva, acontecimiento presente. Porque la oración no nace ante todo de un mandato, sino de una necesidad. Es la expresión más verdadera del yo cuando toma conciencia de sí mismo. El hombre es mendicante por naturaleza, su corazón siempre está en espera, como deseo de plenitud, de justicia, de amor que no termine. Cuando esta necesidad no encuentra su nombre verdadero, se dispersa en mil sustituciones, en ocasiones generadas por nosotros mismo, pa...