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Vida sin medida.

Manos abiertas, generosas, llenas de vida. Manos que llevan semilla y la esparcen para que la vida brote. Caen en tierra porque no retienen lo que guardan dentro; dejan caer el fruto de la vida y no se cierran en puños que aprisionan, pues lo que se encierra muere consigo mismo, no da fruto, queda en el olvido. Las manos abiertas son signo de entrega y de confianza: lugar donde la vida se comparte y se multiplica. Ojos que se abren no para juzgar, sino para conocer. Ojos capaces de descubrir entre la maleza una flor y, en medio de las flores, la hierba que impide florecer. Ojos que reconocen la verdad y la belleza escondida, que miran al otro con respeto, ternura y compasión. Ojos que hablan sin palabras, pues en su sola presencia resplandece el Maestro, el que nos enseñó a mirar y a amar. Pies descalzos que sienten la tierra y en ella encuentran sentido al camino. Pies que se manchan de barro para recordarnos una y otra vez que somos criaturas, modeladas del polvo por las manos del Ar...

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

La belleza en la fragilidad

Parecía invisible, forjada a fuego, sin que nadie doblara una sola línea de tu vara. Erguida como certeza, como si el hierro creyera que el tiempo no lo alcanzaría. Pero vino la brisa, y el salitre, y el vaivén eterno del mar. No gritaron, no golpearon. Y tú, barandilla altiva, comenzaste a ceder. El óxido te fue tomando, silencioso, sin que nadie lo pudiera ver. Lo que el hombre levantó con fuerza, el mar lo deshizo con paciencia. ¿No es esa la lección? Que la constancia del agua vence al martillo de acero, al yunque de la fragua, al fuego más feroz. Que hay sabiduría en lo sutil, que la fuerza nunca vio venir. ¿Cuál es tu inmensidad, mar? ¿Dónde termina tu forma? ¿En los límites de la arena? ¿En los ojos que no logran abarcarte? ¿Cómo afirmar tal cosa, si el alma se conmueve, mar, con solo mirarte? Porque cuando cae lo firme, cuando se oxida la certeza, cuando el hierro cruje sin guerra, el alma se encoge y comprende. Comprende que la inmensidad no se mide en metros, sino en la humil...

Trozos

La vida, hecha pedazos. Partículas flotando sin forma, sin medida. Todo está roto. El desorden es el único orden que queda. Restos que ya no cuentan lo que fueron, solo sombras, fragmentos sin historia visible. Un cacharro más, inútil tal vez, pero aún observado, aún esperado por ojos que no saben lo que miran. Sin ver, sin sentir, solo estar, seguir estando, como si eso bastara. El silencio, ese que no se dice, comienza a significar. Grita sin voz lo que tu cuerpo calla. Y las palabras, esas que no quieres decir llenan el espacio como un deber. Como un disfraz. Como una costumbre. Y entonces, te preguntas: ¿Quién recogerá los trozos?

"Solo busco llegar"

En medio de la multitud, con ramas en las manos y esperanza en el corazón, una vez más levantamos la voz: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! Recordamos aquella entrada humilde, sobre un pollino, mientras el pueblo, con entusiasmo, gritaba: ¡Hosanna, hosanna! Una escena de alegría, de fe sencilla, de corazones que reconocen al Mesías y lo reciben con gozo. Pero también hoy, Señor, sigues llegando. Ya no por las puertas de Jerusalén, sino por los bordes de este mundo herido. Llegas en el horizonte del mar, sobre una patera frágil que carga esperanza y miedo, y una voz que clama: "Solo busco llegar." Hoy también hay quienes extienden alfombras invisibles, no hechas de telas, sino de gestos de acogida, de manos que abren puertas y corazones que abren hogares. Hay quienes te reconocen sin trompetas ni palmas, pero con la certeza silenciosa de que tú, el Hijo de Dios, vienes a salvar. Dichoso el que no pasa de largo. El que se detiene al verte pasar, acomp...

A pesar de mi pecado

Y después de un largo camino, me senté un rato junto al río. Buscaba sanar las heridas, refrescar la cara, seguir los senderos de la vida. Miré al horizonte y vi llegar a un hombre, que desde la otra orilla me observaba con mirada compasiva. No dijo su nombre, pero mi corazón ya lo sabía. Extendió la mano y susurró: "Ven conmigo". —¡No puedo! —dije en seguida—. No conoces mis miedos, mis idas y venidas, el temor de hundirme en el río de la vida. No soy digno de ser salvado, pues conozco mi pecado. Y una vez más, me dijiste: "No sabes cuánto te he esperado, cuánto he caminado siempre a tu lado. Desde la otra orilla te acompañé en cada caída, te tendí la mano, te saqué del lodo. Porque solo por ti, un día lo di todo. Cruza a la otra orilla. Ven conmigo. Déjame sanar tus heridas" ¿Quién eres tú, Señor, que,  a pesar de mi pecado,  cada día me tiendes la mano? Fali Moreno

El tiempo avanza

El tiempo avanza, y a su paso deja huellas, algunas se borran, quizás alguien quiso que por ahí no se caminara. Otras quedaron grabadas, como fuego en fragua, dejando cicatriz. Algunas hicieron surco, y allí germinó la semilla, débil hoy, pero mañana, flor que al cielo mira. Las noches se volvieron frías, y un candil alumbró la senda. Cuando el alba despuntó, el sol calentó la piel, y la vela se apagó, dejando atrás la sombra. Mirar el horizonte, sin volver la vista, sin perder el norte. Rafael Moreno

La ventana

El impetuoso viento abrió con fuerza la ventana, y el estruendo resonó en toda la casa. La habitación, de apariencia abandonada, con hojarasca de abedules, llenó de bronces y marrones, inundando de vida aquella  triste casa. Pasaron los días, y nadie cerró aquella ventana. Quizás convenía que la alegría encontrara un hueco en ese lugar. Pero llegaron las nevadas, y el frío se acomodó en la chimenea sin brasas. ¿Qué habitaba aquella casa que, lejos de ser hogar, solo era un espacio vacío? Entre paredes empapeladas, solo queda el eco del olor a pan recién hecho y queso fresco, mezclado con albahaca y romero. Parecía vida, pero no lo era, era solo lo que la mente imaginaba. De repente, el sol iluminó la habitación, y el aire se llenó de jazmines, mientras una hiedra curiosa se colaba por la ventana aún abierta. ¡Qué luz tan hermosa! diría quien, algún día, durmiera en esa cama hoy vacía. Y pasaron los días, y el canto de los pájaros se volvió melodía en esa estancia encantada. El sol ...

¿Quizás ese sea el problema?

Nadie supo lo que pasaba, pero pasaba todo lo que todos sabían. Nadie sabía lo que se decía, pero decían lo que sabían. Nadie vio nada, pero todo el mundo lo vio. Nadie dijo nada, pero todo se dijo. Y así pasan los días, las semanas, los meses, los años, sin saber, sabiendo, sin decir, diciendo, sin ver, viendo. ¿Quizás ese sea el problema? Que vivimos sin decir que estamos viviendo. Rafael Moreno

Una responsabilidad de todos

¿Por qué es importante cuidar los espacios comunes? No se trata solo de seguir reglas, sino de entender valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad. Al reflexionar sobre cómo nuestras acciones impactan a los demás y al entorno que compartimos, podemos ser ejemplos positivos en nuestra comunidad. Así, promovemos buenos hábitos que pasan de generación en generación. Espacios comunes, más que lugares. Cuidar estos espacios no es solo mantenerlos limpios. Significa proteger su valor cultural y social. Lugares como parques, calles y plazas representan el esfuerzo y la historia de quienes los crearon. También son un regalo para las futuras generaciones, por lo que preservarlos es preservar parte de nuestra identidad. Pequeñas acciones que marcan la diferencia. Cuidar lo que es de todos empieza con gestos simples como: Recoger basura. Respetar las plantas y el mobiliario público. No desperdiciar recursos como agua o energía. Cada acción cuenta para que estos espacios sean funcion...

La música que somos.

La música es un lenguaje universal que nos conecta a todos. Está presente en cada rincón de nuestra vida, en cada emoción que experimentamos, como un hilo invisible que teje nuestra historia.  Nos hace vibrar de alegría, bailar sin pensar, o nos lleva de vuelta a recuerdos que despiertan una lágrima o una sonrisa nostálgica. En este día tan especial, te invito a detenerte un momento. Cierra los ojos, no para recordar esa canción que siempre te hace sonreír, sino para pensar: ¿qué lugar ocupas tú en la gran sinfonía de la vida? Puede que hoy te toque ser un acorde que dé inicio a algo maravilloso, que con su fuerza y armonía inspire a los demás a seguir adelante. O tal vez, seas el silencio entre notas, ese espacio de calma necesario para que todo lo demás cobre sentido. Recuerda, incluso el silencio es parte esencial de la música. Quizás no seas el instrumento más grande o el más brillante, pero cada nota que emites tiene su lugar en la partitura. Tu sonido es único y, aunque parez...

Ánimo, levántate, que te llama

Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. ¿Quién podría acallar el grito ensordecedor que brota desde mi interior? Ten compasión, padece conmigo, conoce mi dolor. Ánimo, levántate, que te llama. Ve a su encuentro y contempla el rostro del Hijo de Dios, tu Maestro, tu Señor. Ánimo, levántate y, sin dudar, comienza a caminar. No es solo andar por andar; solo con Él y en Él puedes avanzar. ¿Qué quieres que haga por ti? Quizás no sepas qué decir, y en lo profundo, donde solo Él puede escuchar, se encuentra la palabra que puede sanar,  reconoce tu dolor, tu ceguera interior. Maestro, que pueda ver. Ver para comprender los signos de los tiempos, para reconocer la huella que has dejado en la humanidad. Contemplar la historia, mi historia, la que cada día estamos llamados a amar. Anda, tu fe te ha curado. En tu mirada se refleja quien te ha sanado, Aquel que, mirándote, te enseña a mirar, que, amándote, te enseña a amar. Maestro, que pueda ver… Y al momento recobró la vista y lo seguía po...

"Te he creado, y no sabes cuánto te amo"

La vida es danza de armónica belleza, que, aunque tropiezas, te levantas, recuperas el compás sin dejar de bailar, y en cada paso, vuelves a comenzar. Es melodía suave que en el alma habita, aunque el ruido intente silenciarla, persiste infinita, te invita a callar, a escuchar tu sintonía, la banda sonora de tu andar. Es canción que emociona, resonando en lo hondo, como un eco profundo que humedece los ojos. Es un cuadro pintado con trazos y colores, donde cada pincelada revela sus amores. Como greda en manos de un artista inspirado, moldea la vasija con cuidado delicado. Es la urdimbre que entrelaza destino y sin azar, formando el tapiz que la vida viene a tejer sin cesar. Así es la vida, frágil y fuerte a la vez, un lienzo, una danza, una obra en proceso, tal como es, nacido las de manos de quien, con amor inmenso, te lleva desde el principio y te mira, diciendo: "Te he creado, y no sabes cuánto te amo". Fali Moreno Rodríguez 

Creo

Creo, y creo en lo pequeño de la vida, en esas pequeñas cosas que acontecen cada día: en el sol que da origen al nuevo día, en la brisa que refresca la mañana, en los colores de la alborada, en el arrebol que tiñe el cielo de un hermoso color y parece anunciar de nuevo tu llegada. Creo, y mirando al cielo en la noche estrellada, sin querer descubro la belleza que conmueve el alma, y en lo infinito del firmamento, donde mi razón no alcanza, mi ser se acalla al contemplar el orden que de Dios me habla. Creo que, al caminar por esta tierra, piso Tierra Santa, Tierra Sagrada, y en cada cosa ,tierra, fuego, aire y agua, está por siempre la imagen de quien la creó, para que a su criatura no le falte nada. Solo uno es el Autor de tanta belleza creada, y santa es la tierra que se nos ha dado. En nuestras manos está la llave que abre la puerta a la esperanza, para cuidar la creación que es casa común, tierra de alabanza, en la que los ríos cantan la gloria de Dios. A su paso fecundan la tierra...

En lo pequeño

En lo pequeño te encuentro, Señor, en lo humilde, en lo callado, donde el mundo no se fija, ahí estás, siempre esperando. En el rostro de los pobres, en las manos desgastadas, en los ojos que suplican y en las voces silenciadas. Tú no habitas en los tronos, ni en la gloria de los fuertes, te hallo en quien sufre en las sombras, en quien vive entre la gente. Eres Dios de lo sencillo, del que poco tiene y da, en el hambre compartida, en la fe comprometida. En  siempre  acoger y cuidar toda la vida, en los pasos de los frágiles, tu esperanza no vacila. En la calle polvorienta, en el techo que gotea, en la piel que siente el frío y en el pan que no se entrega. Fali Moreno

Por Él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas.

Por Él, que es tu Palabra, creaste cielos y mares, hiciste brotar la vida en campos, montes y valles. Con un gesto de tu aliento las estrellas diste al viento, y al cosmos, en su grandeza, le otorgaste luz y tiempo. Pero más allá del vasto universo que despliegas, te fijaste en lo pequeño, en lo humilde que resuena. En la flor que nadie mira, en el susurro del río, en el fresco de la brisa, en el corazón sencillo. Por Él, que es tu Palabra, das sentido a lo que existe, y en lo frágil que nos habita se refleja tu Presencia. Oh Señor, que lo más grande y lo pequeño igualas, haz que en lo simple te encuentre, pues en todo Tú hablas. Fali Moreno

No hubo despedidas, ni tampoco bienvenidas

Y sin mirar atrás me puse a caminar, No hubo despedidas, ni tampoco bienvenidas. La maleta siempre hecha, la mochila siempre dispuesta. No dijeron adiós, ni tan siquiera perdón. Con pasión me lancé,  nadie sabía el porqué, pero en misión entregado, creyendo tal vez, quizás iluso, de pasión me cubrí, soñando futuros que nunca cumplí. Atrás, en silencio, los sueños se van, como hojas al viento, se pierden, se irán. Nada es eterno, lo supe al partir, aprendí que vivir no es solo existir. Es luchar contra sombras, es amar el dolor, es reír en el llanto, es crear sin temor. Y sin mirar atrás, sin miedo a perder, sabía que el camino era mi único deber. Lo que dejé atrás no lo quise retener, solo el fuego en mi pecho me hacía mover. Es saber que, en el viaje, aunque todo se va, lo que vale es el fuego que en el corazón quedará. No hubo despedidas, ni promesas vacías, solo el eco de pasos en nuevas avenidas. Y aunque hoy en la bruma los recuerdos me den, la nostalgia susurra lo que un día ...

Vieron la estrella porque estaban en camino.

"No se pusieron en camino porque hubieran visto una estrella, sino que vieron la estrella porque estaban en camino." (San Juan Crisóstomo) A veces buscamos señales en el cielo, esperamos el brillo que guíe nuestros pasos, pero la verdad no está en la luz distante, sino en el viaje que elegimos emprender. No es el destino quien convoca al caminante, sino el caminante que, con andar sereno, encuentra en lo cotidiano la belleza de lo eterno. En cada paso, una luz se enciende, en cada duda, no caminamos a oscuras, y avanzamos, no porque el cielo hable, sino porque al andar aprendemos a caminar. Y al saber que en cada huella construimos la historia que nos lleva a Dios hecho hombre, a quien anuncia una estrella, no nos queda más que seguir tras ella. Fali Moreno