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A pesar de mi pecado

Y después de un largo camino, me senté un rato junto al río. Buscaba sanar las heridas, refrescar la cara, seguir los senderos de la vida. Miré al horizonte y vi llegar a un hombre, que desde la otra orilla me observaba con mirada compasiva. No dijo su nombre, pero mi corazón ya lo sabía. Extendió la mano y susurró: "Ven conmigo". —¡No puedo! —dije en seguida—. No conoces mis miedos, mis idas y venidas, el temor de hundirme en el río de la vida. No soy digno de ser salvado, pues conozco mi pecado. Y una vez más, me dijiste: "No sabes cuánto te he esperado, cuánto he caminado siempre a tu lado. Desde la otra orilla te acompañé en cada caída, te tendí la mano, te saqué del lodo. Porque solo por ti, un día lo di todo. Cruza a la otra orilla. Ven conmigo. Déjame sanar tus heridas" ¿Quién eres tú, Señor, que,  a pesar de mi pecado,  cada día me tiendes la mano? Fali Moreno

El tiempo avanza

El tiempo avanza, y a su paso deja huellas, algunas se borran, quizás alguien quiso que por ahí no se caminara. Otras quedaron grabadas, como fuego en fragua, dejando cicatriz. Algunas hicieron surco, y allí germinó la semilla, débil hoy, pero mañana, flor que al cielo mira. Las noches se volvieron frías, y un candil alumbró la senda. Cuando el alba despuntó, el sol calentó la piel, y la vela se apagó, dejando atrás la sombra. Mirar el horizonte, sin volver la vista, sin perder el norte. Rafael Moreno

La ventana

El impetuoso viento abrió con fuerza la ventana, y el estruendo resonó en toda la casa. La habitación, de apariencia abandonada, con hojarasca de abedules, llenó de bronces y marrones, inundando de vida aquella  triste casa. Pasaron los días, y nadie cerró aquella ventana. Quizás convenía que la alegría encontrara un hueco en ese lugar. Pero llegaron las nevadas, y el frío se acomodó en la chimenea sin brasas. ¿Qué habitaba aquella casa que, lejos de ser hogar, solo era un espacio vacío? Entre paredes empapeladas, solo queda el eco del olor a pan recién hecho y queso fresco, mezclado con albahaca y romero. Parecía vida, pero no lo era, era solo lo que la mente imaginaba. De repente, el sol iluminó la habitación, y el aire se llenó de jazmines, mientras una hiedra curiosa se colaba por la ventana aún abierta. ¡Qué luz tan hermosa! diría quien, algún día, durmiera en esa cama hoy vacía. Y pasaron los días, y el canto de los pájaros se volvió melodía en esa estancia encantada. El sol ...

¿Quizás ese sea el problema?

Nadie supo lo que pasaba, pero pasaba todo lo que todos sabían. Nadie sabía lo que se decía, pero decían lo que sabían. Nadie vio nada, pero todo el mundo lo vio. Nadie dijo nada, pero todo se dijo. Y así pasan los días, las semanas, los meses, los años, sin saber, sabiendo, sin decir, diciendo, sin ver, viendo. ¿Quizás ese sea el problema? Que vivimos sin decir que estamos viviendo. Rafael Moreno

Una responsabilidad de todos

¿Por qué es importante cuidar los espacios comunes? No se trata solo de seguir reglas, sino de entender valores como el respeto, la empatía y la responsabilidad. Al reflexionar sobre cómo nuestras acciones impactan a los demás y al entorno que compartimos, podemos ser ejemplos positivos en nuestra comunidad. Así, promovemos buenos hábitos que pasan de generación en generación. Espacios comunes, más que lugares. Cuidar estos espacios no es solo mantenerlos limpios. Significa proteger su valor cultural y social. Lugares como parques, calles y plazas representan el esfuerzo y la historia de quienes los crearon. También son un regalo para las futuras generaciones, por lo que preservarlos es preservar parte de nuestra identidad. Pequeñas acciones que marcan la diferencia. Cuidar lo que es de todos empieza con gestos simples como: Recoger basura. Respetar las plantas y el mobiliario público. No desperdiciar recursos como agua o energía. Cada acción cuenta para que estos espacios sean funcion...

La música que somos.

La música es un lenguaje universal que nos conecta a todos. Está presente en cada rincón de nuestra vida, en cada emoción que experimentamos, como un hilo invisible que teje nuestra historia.  Nos hace vibrar de alegría, bailar sin pensar, o nos lleva de vuelta a recuerdos que despiertan una lágrima o una sonrisa nostálgica. En este día tan especial, te invito a detenerte un momento. Cierra los ojos, no para recordar esa canción que siempre te hace sonreír, sino para pensar: ¿qué lugar ocupas tú en la gran sinfonía de la vida? Puede que hoy te toque ser un acorde que dé inicio a algo maravilloso, que con su fuerza y armonía inspire a los demás a seguir adelante. O tal vez, seas el silencio entre notas, ese espacio de calma necesario para que todo lo demás cobre sentido. Recuerda, incluso el silencio es parte esencial de la música. Quizás no seas el instrumento más grande o el más brillante, pero cada nota que emites tiene su lugar en la partitura. Tu sonido es único y, aunque parez...

Ánimo, levántate, que te llama

Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. ¿Quién podría acallar el grito ensordecedor que brota desde mi interior? Ten compasión, padece conmigo, conoce mi dolor. Ánimo, levántate, que te llama. Ve a su encuentro y contempla el rostro del Hijo de Dios, tu Maestro, tu Señor. Ánimo, levántate y, sin dudar, comienza a caminar. No es solo andar por andar; solo con Él y en Él puedes avanzar. ¿Qué quieres que haga por ti? Quizás no sepas qué decir, y en lo profundo, donde solo Él puede escuchar, se encuentra la palabra que puede sanar,  reconoce tu dolor, tu ceguera interior. Maestro, que pueda ver. Ver para comprender los signos de los tiempos, para reconocer la huella que has dejado en la humanidad. Contemplar la historia, mi historia, la que cada día estamos llamados a amar. Anda, tu fe te ha curado. En tu mirada se refleja quien te ha sanado, Aquel que, mirándote, te enseña a mirar, que, amándote, te enseña a amar. Maestro, que pueda ver… Y al momento recobró la vista y lo seguía po...

"Te he creado, y no sabes cuánto te amo"

La vida es danza de armónica belleza, que, aunque tropiezas, te levantas, recuperas el compás sin dejar de bailar, y en cada paso, vuelves a comenzar. Es melodía suave que en el alma habita, aunque el ruido intente silenciarla, persiste infinita, te invita a callar, a escuchar tu sintonía, la banda sonora de tu andar. Es canción que emociona, resonando en lo hondo, como un eco profundo que humedece los ojos. Es un cuadro pintado con trazos y colores, donde cada pincelada revela sus amores. Como greda en manos de un artista inspirado, moldea la vasija con cuidado delicado. Es la urdimbre que entrelaza destino y sin azar, formando el tapiz que la vida viene a tejer sin cesar. Así es la vida, frágil y fuerte a la vez, un lienzo, una danza, una obra en proceso, tal como es, nacido las de manos de quien, con amor inmenso, te lleva desde el principio y te mira, diciendo: "Te he creado, y no sabes cuánto te amo". Fali Moreno Rodríguez 

Creo

Creo, y creo en lo pequeño de la vida, en esas pequeñas cosas que acontecen cada día: en el sol que da origen al nuevo día, en la brisa que refresca la mañana, en los colores de la alborada, en el arrebol que tiñe el cielo de un hermoso color y parece anunciar de nuevo tu llegada. Creo, y mirando al cielo en la noche estrellada, sin querer descubro la belleza que conmueve el alma, y en lo infinito del firmamento, donde mi razón no alcanza, mi ser se acalla al contemplar el orden que de Dios me habla. Creo que, al caminar por esta tierra, piso Tierra Santa, Tierra Sagrada, y en cada cosa ,tierra, fuego, aire y agua, está por siempre la imagen de quien la creó, para que a su criatura no le falte nada. Solo uno es el Autor de tanta belleza creada, y santa es la tierra que se nos ha dado. En nuestras manos está la llave que abre la puerta a la esperanza, para cuidar la creación que es casa común, tierra de alabanza, en la que los ríos cantan la gloria de Dios. A su paso fecundan la tierra...

En lo pequeño

En lo pequeño te encuentro, Señor, en lo humilde, en lo callado, donde el mundo no se fija, ahí estás, siempre esperando. En el rostro de los pobres, en las manos desgastadas, en los ojos que suplican y en las voces silenciadas. Tú no habitas en los tronos, ni en la gloria de los fuertes, te hallo en quien sufre en las sombras, en quien vive entre la gente. Eres Dios de lo sencillo, del que poco tiene y da, en el hambre compartida, en la fe comprometida. En  siempre  acoger y cuidar toda la vida, en los pasos de los frágiles, tu esperanza no vacila. En la calle polvorienta, en el techo que gotea, en la piel que siente el frío y en el pan que no se entrega. Fali Moreno

Por Él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas.

Por Él, que es tu Palabra, creaste cielos y mares, hiciste brotar la vida en campos, montes y valles. Con un gesto de tu aliento las estrellas diste al viento, y al cosmos, en su grandeza, le otorgaste luz y tiempo. Pero más allá del vasto universo que despliegas, te fijaste en lo pequeño, en lo humilde que resuena. En la flor que nadie mira, en el susurro del río, en el fresco de la brisa, en el corazón sencillo. Por Él, que es tu Palabra, das sentido a lo que existe, y en lo frágil que nos habita se refleja tu Presencia. Oh Señor, que lo más grande y lo pequeño igualas, haz que en lo simple te encuentre, pues en todo Tú hablas. Fali Moreno

No hubo despedidas, ni tampoco bienvenidas

Y sin mirar atrás me puse a caminar, No hubo despedidas, ni tampoco bienvenidas. La maleta siempre hecha, la mochila siempre dispuesta. No dijeron adiós, ni tan siquiera perdón. Con pasión me lancé,  nadie sabía el porqué, pero en misión entregado, creyendo tal vez, quizás iluso, de pasión me cubrí, soñando futuros que nunca cumplí. Atrás, en silencio, los sueños se van, como hojas al viento, se pierden, se irán. Nada es eterno, lo supe al partir, aprendí que vivir no es solo existir. Es luchar contra sombras, es amar el dolor, es reír en el llanto, es crear sin temor. Y sin mirar atrás, sin miedo a perder, sabía que el camino era mi único deber. Lo que dejé atrás no lo quise retener, solo el fuego en mi pecho me hacía mover. Es saber que, en el viaje, aunque todo se va, lo que vale es el fuego que en el corazón quedará. No hubo despedidas, ni promesas vacías, solo el eco de pasos en nuevas avenidas. Y aunque hoy en la bruma los recuerdos me den, la nostalgia susurra lo que un día ...

Vieron la estrella porque estaban en camino.

"No se pusieron en camino porque hubieran visto una estrella, sino que vieron la estrella porque estaban en camino." (San Juan Crisóstomo) A veces buscamos señales en el cielo, esperamos el brillo que guíe nuestros pasos, pero la verdad no está en la luz distante, sino en el viaje que elegimos emprender. No es el destino quien convoca al caminante, sino el caminante que, con andar sereno, encuentra en lo cotidiano la belleza de lo eterno. En cada paso, una luz se enciende, en cada duda, no caminamos a oscuras, y avanzamos, no porque el cielo hable, sino porque al andar aprendemos a caminar. Y al saber que en cada huella construimos la historia que nos lleva a Dios hecho hombre, a quien anuncia una estrella, no nos queda más que seguir tras ella. Fali Moreno

Su mirada

Su mirada es un mar sin orillas, infinito en su horizonte, sin puerto que la abarque, su mirar es mirar que mima. No condena ni juzga el paso, pues no obliga a caminar cuando el cuerpo pide descanso,  descanses o camines,  su mirar te hace libre. Es una luz que ilumina sin cegar, descubriendo lo oculto, y en la sombra más profunda, la esperanza dormida se llena de vida. Su mirada, es agua en el desierto, que sacia la sed del sediento y hace florecer en la grieta más discreta la flor más hermosa, clavel, nardos o rosas. No juzga la caída, ni celebra los triunfos, solo acompaña, se queda, como faro en la tormenta, y brisa en una sonrisa. Su mirada,  no es de ojos ni pupilas, es presencia que habita, y en cada amanecer, con su mirar, acontece la vida. Fali Moreno

La esperanza se escapa

  En la quietud de la noche callada, cuando el viento susurra antiguos secretos, resuenan ecos de tiempos perdidos, y solo en ti, el alma tiembla, pues solo tú sabes lo que sientes. La esperanza se escapa, como un hilo de luz de luna que se filtra entre los travesaños de la ventana. Se envuelve en tinieblas, y ni siquiera una estrella alumbra el alma. Desesperanza te llaman, pero en tu nombre nace algo nuevo: un campo fértil que espera la lluvia inesperada, la semilla valiente, que, aunque en silencio, enraíza vida, oculta ante nuestra mirada. En el ocaso de las certezas, cuando la fe se quiebra como cristal, el corazón late aún, empecinado en su propio renacer, y como San Agustín, puedes decir: la esperanza no cesa hasta descansar en Él. Es en esa oscuridad, en la luz tenue de los travesaños acristalados, que descubres la presencia del que siempre está a tu lado, Señor de la vida, que en la noche se hizo hombre para darnos vida. Esperanza de quien, en la oscuridad, aun sin ver, su...

Señor, ¿a quién iremos?

Señor, ¿a quién iremos? pues sólo Tú tienes palabras de vida eterna.  No pregunta “¿dónde iremos?”, pues no es el camino lo que importa, sino el Maestro a quien seguimos, sin importar la vereda, solo junto a Él se llega. La fidelidad no es a un sendero,  a un camino o a una vereda. La fidelidad es a Aquel que es el origen y destino. Todo lo que el mundo ofrece es alimento pasajero, palabras que se lleva el viento, que no sacian el hambre de lo eterno, pero en Ti, Señor, encontramos el pan, el alimento que nutre por dentro, y cada día sales a nuestro encuentro. Creer en Ti es hacer de Ti el centro, el “pan vivo” que sustenta nuestro ser, la fuerza que nos libera y nos guía, en cada tramo de la vida nos invitas a ser, estar y parecer discípulos tuyos, imitándote siempre, caminando, aunque sin saber, sabiendo que a nuestro lado te podemos ver. ¿Quién es el Maestro para mí?, me pregunto, ¿es sólo un nombre, una idea, o es el amigo que me ama y me acompaña, y quien por mí entrega s...

El valor de las pequeñas cosas.

Quizás no lo puedas comprender, pero las cosas solo tienen razón de ser cuando, al mirarlas, descubres todo lo que esconden detrás de aquello que ves. Y aquel cuadro viejo, de ángulos maltrechos, y trazos algo descompasados, aquella imagen que, sin valor aparente, vale más por quienes la miraron, que por sus colores, sus materiales tallados o grabados. Sin números que otorguen un valor desorbitado, se convierte en la mayor obra, porque al mirarla, descubres tu historia. El valor no es un número, ni el juicio de un buen tasador que observa la obra sin conocer su historia. La experiencia no tiene tasación, pues su mayor valor son los ojos de aquellos que un día miraron, rezaron, o recordaron aquellos tiempos, del presente o del pasado. Fueron testigos, medio y experiencia, tejidos hilo a hilo, entretejidos en la urdimbre, para formar el mejor de los tapices. Y cuando no sabes cómo se entrelazan los hilos, nunca entenderás que no cualquier tejido te sirve. Fali Moreno

En tu subir al cielo.

A Ti, Madre. En tu subir al cielo, nos invitas a tocar la tierra, para encontrarnos en lo cotidiano con el rostro del hermano. Para que en tu “Haced lo que Él os diga”, nos pongamos al servicio del Evangelio, de forma callada y sencilla, anunciando como tú lo hacías. Marchando a servir con alegría a nuestros Ain Karem de cada día, y con gozo cantar las grandezas que Dios hace en nuestras vidas. Guardando todo en el corazón, con memoria agradecida, tras las huellas del Señor que nos ama sin medida. Permaneciendo en pie, como tú, Madre, ante el dolor, con la mirada puesta en la esperanza, de que nuestro esperar es Él, tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. En tu subir al cielo, nos invitas a tocar la tierra, para encontrarnos en lo cotidiano con el rostro del hermano. Fali Moreno

Los que hoy gritan "¡Hosanna!"

Los que hoy gritan "¡Hosanna!", mañana no recordarán nada. La euforia se desvanece y en sufrimiento se convierte, al ver al Hijo de Dios en la cruz, la muerte. "Bendito el que viene", resonaba con fervor, pero pronto olvidarán, pidiendo cruel crucifixión. ¿Qué mirada, mi Señor, guió tu camino triunfante, sabiendo cuál era tu destino? Sigues entrando hoy, en formas diferentes, en el asno, en el cayuco, en el hambre de tanta gente. En las injusticias y en el dolor, continúas entrando para decirnos de nuevo, lo hago por AMOR. Te aclamamos, y a veces no vemos tu rostro entre la multitud. En los que "sin nombre", cargan cada día con su cruz, en los que sufren en silencio, en cada corazón herido que busca un Cirineo. Entra, Señor, en nuestros corazones sin medida, haz de nosotros casa con cartel de bienvenida, y puerta abierta a la vida. Que en cada rostro veamos tu reflejo glorioso, en cada mano tendida y en cada gesto que cuide la vida. ¡Bendito el que viene e...