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La esperanza se escapa

 


En la quietud de la noche callada,

cuando el viento susurra antiguos secretos,

resuenan ecos de tiempos perdidos,

y solo en ti, el alma tiembla,

pues solo tú sabes lo que sientes.

La esperanza se escapa,

como un hilo de luz de luna

que se filtra entre los travesaños de la ventana.

Se envuelve en tinieblas,

y ni siquiera una estrella

alumbra el alma.

Desesperanza te llaman,

pero en tu nombre nace algo nuevo:

un campo fértil que espera

la lluvia inesperada,

la semilla valiente,

que, aunque en silencio,

enraíza vida,

oculta ante nuestra mirada.

En el ocaso de las certezas,

cuando la fe se quiebra como cristal,

el corazón late aún,

empecinado en su propio renacer,

y como San Agustín, puedes decir:

la esperanza no cesa

hasta descansar en Él.

Es en esa oscuridad,

en la luz tenue de los travesaños acristalados,

que descubres la presencia

del que siempre está a tu lado,

Señor de la vida, que en la noche

se hizo hombre para darnos vida.

Esperanza de quien, en la oscuridad,

aun sin ver, su luz siempre brilla.


Fali Moreno


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