Comenzamos un camino, nadie puede comenzar a andar, sin saber a dónde quiere llegar. Andar sin destino es andar perdido. Andar sin un motivo por el que caminar se convierte en un simple pasear, y no se puede pasar por la vida paseando, ya que la vida es camino y solo se hace posible cuando, como dice el poeta: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Un camino que no hacemos solos sino como pueblo elegido, Iglesia que camina sabiendo cual es su destino. Lo haces en silencio, no solo por la ausencia de ruidos, sino que, ante el estruendo que ensordece nuestros oídos, siguiendo al Maestro, es capaz de parar y escuchar en el mundanal ruido hasta el más pequeño gemido. Un recorrido cuaresmal que nos invita a parar y contemplar nuestra humanidad, nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, nuestras fortalezas y nuestra grandeza. Y ver en nuestros compañeros de camino el rostro que, en ocasiones dolorido en silencio grita y en otras celebra lo que acontece en lo cotidia...
Bienvenido a este rincón, donde las palabras no solo se entrelazan, sino que cuestionan. Un espacio para pensamientos profundos nacidos de la experiencia personal, pero también de la conciencia social; reflexiones que emergen en los momentos de pausa, cuando observar el mundo con atención se vuelve un acto político, y pensar críticamente, una forma de resistencia.