Ir al contenido principal

Me retiro para no alejarme

¿Dónde están aquellos que un día me llamaron hermano?

Que hablaban de caridad, misericordia, honestidad, de acompañamiento y fraternidad.

¿A quién queremos acompañar si en nuestras agendas no queda tiempo para AMAR? 

Todo quedó en palabras. 

Palabras vacías y en vano. 

Cada día, y tras mi experiencia personal, prefiero ser uno más de los alejados, y vivir con coherencia, solo o acompañado.

Me quedo con la experiencia del encuentro con la VERDAD. 

Con aquellos momentos más Divinos que humanos, y con la gente que, en lo cotidiano, y sin decir apena una palabra, han estado a mi lado. 

Y pasando por uno de tantos, hoy prefiero ser uno más, uno de esos, que, desde su experiencia personal, se afianzaron en lo esencial, pero vaciaron su mochila de las palabras que se lleva el viento y que, llenas de verborrea, pesaban y no hacían bien a nadie. 

La vida son etapas, capítulos de un libro, que ahora toca cerrar para comenzar a vivir una nueva historia. Una historia aún por escribir, aún sin empezar. 

Y no con esto quiero decir que el libro haya sido malo, sino que hay momentos en la vida en que hay que terminarlo, ya que nos hablan de tiempos lejanos. 

Y para que no se convierta en un clásico, y tenga reedición, es mejor cerrarlo, y guardarlo, O quizás, como en tiempo de antaño,
es preferible quemarlo, 

¿Para qué guardar un libro que hizo tanto daño?

Mi nuevo libro aún está vacío, y sus páginas en blanco, pero el prólogo ya está escrito, porque temo olvidarlo: 

“Y aquí comienza la historia de un señor apasionado, que, viviendo el presente, echa la vista al pasado, para saber en qué ha errado, y que sobre todo, mira al futuro con la esperanza de contribuir en la construcción de un mundo más justo, más verdadero, más humano".

Rafael Moreno Rodríguez

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

La Cuaresma un hecho que irrumpe y nos provoca

La Cuaresma vuelve cada año como una llamada discreta pero insistente al corazón humano, como un hecho que irrumpe y nos provoca. No es simplemente un tiempo de prácticas externas, sino la ocasión de verificar qué sostiene realmente nuestra vida. En medio del ruido y la dispersión, la Iglesia nos ofrece estos días para redescubrir algo elemental y decisivo, sin oración el cristianismo se reduce a ética, a tradición cultural o a emoción pasajera. Se vuelve discurso, memoria de algo que fue. Con oración, en cambio, la fe vuelve a ser experiencia viva, acontecimiento presente. Porque la oración no nace ante todo de un mandato, sino de una necesidad. Es la expresión más verdadera del yo cuando toma conciencia de sí mismo. El hombre es mendicante por naturaleza, su corazón siempre está en espera, como deseo de plenitud, de justicia, de amor que no termine. Cuando esta necesidad no encuentra su nombre verdadero, se dispersa en mil sustituciones, en ocasiones generadas por nosotros mismo, pa...