¿Dónde están aquellos que un día me llamaron hermano?
Que hablaban de caridad, misericordia, honestidad, de acompañamiento y fraternidad.
¿A quién queremos acompañar si en nuestras agendas no queda tiempo para AMAR?
Todo quedó en palabras.
Palabras vacías y en vano.
Cada día, y tras mi experiencia personal, prefiero ser uno más de los alejados, y vivir con coherencia, solo o acompañado.
Me quedo con la experiencia del encuentro con la VERDAD.
Con aquellos momentos más Divinos que humanos, y con la gente que, en lo cotidiano, y sin decir apena una palabra, han estado a mi lado.
Y pasando por uno de tantos, hoy prefiero ser uno más, uno de esos, que, desde su experiencia personal, se afianzaron en lo esencial, pero vaciaron su mochila de las palabras que se lleva el viento y que, llenas de verborrea, pesaban y no hacían bien a nadie.
La vida son etapas, capítulos de un libro, que ahora toca cerrar para comenzar a vivir una nueva historia. Una historia aún por escribir, aún sin empezar.
Y no con esto quiero decir que el libro haya sido malo, sino que hay momentos en la vida en que hay que terminarlo, ya que nos hablan de tiempos lejanos.
Y para que no se convierta en un clásico, y tenga reedición, es mejor cerrarlo, y guardarlo, O quizás, como en tiempo de antaño,
es preferible quemarlo,
¿Para qué guardar un libro que hizo tanto daño?
Mi nuevo libro aún está vacío, y sus páginas en blanco, pero el prólogo ya está escrito, porque temo olvidarlo:
“Y aquí comienza la historia de un señor apasionado, que, viviendo el presente, echa la vista al pasado, para saber en qué ha errado, y que sobre todo, mira al futuro con la esperanza de contribuir en la construcción de un mundo más justo, más verdadero, más humano".
Rafael Moreno Rodríguez

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