Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. ¿Quién podría acallar el grito ensordecedor que brota desde mi interior? Ten compasión, padece conmigo, conoce mi dolor. Ánimo, levántate, que te llama. Ve a su encuentro y contempla el rostro del Hijo de Dios, tu Maestro, tu Señor. Ánimo, levántate y, sin dudar, comienza a caminar. No es solo andar por andar; solo con Él y en Él puedes avanzar. ¿Qué quieres que haga por ti? Quizás no sepas qué decir, y en lo profundo, donde solo Él puede escuchar, se encuentra la palabra que puede sanar, reconoce tu dolor, tu ceguera interior. Maestro, que pueda ver. Ver para comprender los signos de los tiempos, para reconocer la huella que has dejado en la humanidad. Contemplar la historia, mi historia, la que cada día estamos llamados a amar. Anda, tu fe te ha curado. En tu mirada se refleja quien te ha sanado, Aquel que, mirándote, te enseña a mirar, que, amándote, te enseña a amar. Maestro, que pueda ver… Y al momento recobró la vista y lo seguía po...
Bienvenido a este rincón, donde las palabras no solo se entrelazan, sino que cuestionan. Un espacio para pensamientos profundos nacidos de la experiencia personal, pero también de la conciencia social; reflexiones que emergen en los momentos de pausa, cuando observar el mundo con atención se vuelve un acto político, y pensar críticamente, una forma de resistencia.