El hoy de la educación, es un escenario bastante complejo, no solo por la cantidad de agentes que intervienen en el panorama educativo, sino por el propio entramado social. Vivimos en medio de una sociedad en constante movimiento, en un ir y venir cuyo ritmo es vertiginoso.
La realidad laboral, proyectos y las obligaciones familiares y sociales, parecen marcar el ritmo de nuestras vidas. Hombres y mujeres, hijos e hijas de nuestra época, nos hemos introducido en la dinámica del consumo, de las tecnologías y las redes sociales entre otras realidades. Surgen en nuestra sociedad nuevas formas de relacionarse y de comunicarse no solo con el otro sino con el propio yo.
Quizás entre tantas prisas sea necesario, ahora más que nunca, una educación cercana, que nazca desde un conocer a la persona, desde una pedagogía de la proximidad, del amor, del acompañamiento.
Una pedagogía que permita conocer a los educandos desde su realidad cotidiana. No debemos olvidar que las tecnologías han introducido un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicación que no solo se muestra entre emoticonos, abreviaturas de palabras o “like” en redes sociales, sino que, en muchas ocasiones nos ocultamos en perfiles que disfrazan nuestra realidad ante la vida.
Perfiles que en ocasiones traspasan las pantallas de los móviles y ordenadores a la vida real, y nos encontramos cada día con personas o “con perfiles” que diseñan una vida a su medida, para evitar el sufrimiento de la propia realidad.
Dar respuestas desde lo profundo del ser a esas preguntas que surgen desde el interior humano y que urgen de respuestas: ¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde voy? ¿A qué estoy llamado? ¿Soy feliz?... estas preguntas emanan de lo más profundo del ser, y que quizás, preferimos silenciar por miedo a la respuesta.
Educar en proximidad, en el amor, en la cercanía, es proyectar lo humano hacia nuestro propio yo. El ser humano es más que un conjunto de elementos externos, que se configuran según normas y modelos propios de cada época, sino que además somos interior, profundidad, silencio, trascendencia... La interioridad permite mirar nuestra propia vida, nuestra propia historia, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras preocupaciones, con los ojos del corazón.
La pedagogía de la proximidad se basa en las miradas, los gestos y el acompañamiento directo, un ir de la mano con aquél al que queremos enseñar diferentes caminos y posibilidades de crecimiento integral.
Fomentando siempre una pedagogía horizontal, un trato de tú a tú, que convierta el yo, en una posibilidad de encuentro.
Educar en proximidad nos lleva a abrazar la idea de establecer un enfoque pedagógico que busca conectar los contenidos de aprendizaje con la vida cotidiana de los estudiantes, haciéndolos relevantes y aplicables. Entretejiendo relaciones cercanas y significativas entre los agentes educativos: educadores, educando y familia, reconociendo la importancia de la comunicación en el proceso de aprendizaje.
La pedagogía de la proximidad nos sitúa ante la persona en todas sus dimensiones, desde la confianza, respeto y apertura al otro. Cada persona es única, valiosa e irrepetible, con experiencias que configuran la vida. Comprender y aceptar estas diferencias, genera seguridad y respeto mutuo.
Educar desde la proximidad implica estar presente y comprometidos en el proceso educativo, entendiendo las necesidades individuales de cada persona, sus desafíos, sueños y metas.
La proximidad permite a los educadores adaptar sus métodos de enseñanza para satisfacer estas necesidades, brindando un apoyo más integral y personalizado.
El educador de hoy no solo está llamado a enseñar materias académicas y a la trasmisión de conocimientos, sino que también tiene el reto de estar atento a las necesidades que surgen en el entramado social y emocional de los estudiantes. Es una llamada a reconocer y abordar las necesidades emocionales, promoviendo la empatía, la resiliencia y la inteligencia emocional.
La pedagogía de la proximidad, es sin duda alguna una llamada a estar atentos a los signos y a las necesidades que van surgiendo en el devenir de los tiempos.
Educar en proximidad, en este sentido se convierte en el desafío que debe unir a todos los agentes educativos en la búsqueda de un futuro que permita la cercanía emocional y la conexión personal entre educadores y educandos que son fundamentales para un aprendizaje significativo e integral.
Educar en proximidad es tener la certeza de que caminamos juntos, quizás con diferentes calzados o formas de andar, con mochilas diferentes, pero juntos lo hacemos hacia un mismo destino, la construcción de una nueva sociedad.
Quizás este sea el elemento diferenciador de la educación cristiana, una pedagogía horizontal que proyecte a una pedagogía vertical. Cuando te sientes amado desde tu propia realidad puedes entender el AMOR. La Encarnación es la mejor muestra de amor, Dios se hace hombre, no para teorizar sino para acompañar a la humanidad y llevarlas al Padre. Condescender, bajar, acompañar, escuchar, guiar, son los objetivos de un Dios que acompaña sin juzgar. Y así desde nuestra propia humanidad, el DIOS de la VIDA se manifiesta en nosotros. Dios hecho hombre. Un Dios bueno, que lejos de quedarse en su cielo, se abaja y toma nuestra propia condición humana, frágil y fuerte a la vez, “al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Filipenses 2,6-11).
Educar desde la proximidad y desde el amor, nos lleva a la certeza de que en ocasiones debemos de ser alfareros y en otras barro. Se trata sin duda alguna, de llegar a ser artesanos de la sociedad futura. Ser artesanos de un nuevo humanismo en nuestro trabajo de educación.
Fali Moreno

Sí...creo en una educación que me lleve a saber " quien soy yo " ...que me permita desarrollar las dimensiones de " lo humano "
ResponderEliminarGracias Rafael...un abrazo
Gracias por compartirlo.
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