Ir al contenido principal

Proclama mi alma la grandeza


Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Proclama mi alma su grandeza, porque siendo Dios se encarna en la pobreza, y en un pesebre conocimos a quien desde el principio fue alimento para el camino.

Se alegra mi espíritu en Él, porque se fija en lo sencillo, en lo humilde, en lo pequeño y en lo que para muchos es desapercibido.  

Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Y a ti María, todas las generaciones te felicitarán, ya que de tu Sí de generosidad, al Emmanuel conocimos en la humildad de un portal. Cómo no poner en ti la mirada, si tus brazos fueron cuna de la VIDA en desmesura. Cómo no decirte MADRE, si generación tras generación en ti tenemos la certeza de nuestro fiarse en DIOS cada día.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Él, siendo Dios se hace pobre, para anunciar a toda la humanidad, que ante su mirada todo el mundo es igual, independientemente de su  raza, color o identidad.

Enaltece a los pobres, transforma el corazón del rico, y pone la mirada en quien dice que su vida no sirve para nada, y para consolar su llanto les llama bienaventurados y dichosos entre tantos. 

Calma nuestra sed mostrándonos la fuente para beber, y se hace pan partido y repartido, alimento cotidiano que de su generosidad todos recibimos.

Se pone a nuestro lado, camina con nosotros y aunque sus huellas en ocasiones no veamos, nunca nos ha abandonado. 

Y vimos en el madero al Dios justo y bueno, que hoy todos reconocemos en ese sufrimiento propio o ajeno. Ese dolor que nos confirma que Dios sigue muriendo en las calles, en las pateras, en las fronteras, en las guerras, en la soledad y en tantas injusticias en la que Dios nos pide hacer presencia de su divinidad en medio de la humanidad.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

Auxilia a los que de Ti venimos, guía con tu mano amorosa nuestro camino, para anunciar cada día que hemos conocido a quien es VERDAD, VIDA y CAMINO

Gloria a ti Dios UNO y TRINO, comunión de AMOR entre lo humano y lo Divino.

Amén

Fali Moreno. La.












Comentarios

  1. GRAN MADRE !!! eres EL GRAN CORAZÓN y LA GRAN RAZÓN que brilla en todos los Seres.

    Gracias por tus palabras de aliento...sé que nunca me abandonas.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

La Cuaresma un hecho que irrumpe y nos provoca

La Cuaresma vuelve cada año como una llamada discreta pero insistente al corazón humano, como un hecho que irrumpe y nos provoca. No es simplemente un tiempo de prácticas externas, sino la ocasión de verificar qué sostiene realmente nuestra vida. En medio del ruido y la dispersión, la Iglesia nos ofrece estos días para redescubrir algo elemental y decisivo, sin oración el cristianismo se reduce a ética, a tradición cultural o a emoción pasajera. Se vuelve discurso, memoria de algo que fue. Con oración, en cambio, la fe vuelve a ser experiencia viva, acontecimiento presente. Porque la oración no nace ante todo de un mandato, sino de una necesidad. Es la expresión más verdadera del yo cuando toma conciencia de sí mismo. El hombre es mendicante por naturaleza, su corazón siempre está en espera, como deseo de plenitud, de justicia, de amor que no termine. Cuando esta necesidad no encuentra su nombre verdadero, se dispersa en mil sustituciones, en ocasiones generadas por nosotros mismo, pa...