Bienaventurados los que esperan,
los que, en medio del ruido, siembran esperanza
en esta tierra llena de su gloria eterna.
Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,
en cada gesto de cariño.
Bienaventurados los que despiertan despacio
con los ojos puestos en el horizonte,
donde la vida siempre es nueva
aunque la mochila la lleves llena.
Bienaventurados los que se ponen en camino,
los que allanan sendas,
los que buscan a quien anda perdido
y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo,
la mano de un amigo.
Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido,
los que descubren en cada rostro
el suave resplandor de Dios-con-nosotros.
Bienaventurados los que esperan sin prisa,
los que se entregan sin preguntar,
los que aman sin medir,
porque en ellos florece la bondad
que Dios siembra en la humanidad.
Bienaventurados somos todos,
porque en cada uno brilla un reflejo
de Dios hecho hombre,
y en ti, especialmente,
la belleza secreta de su creación perfecta.
Y en este tiempo de espera,
tiempo de adviento en un mundo que corre,
nos perdemos entre luces, ruidos y agendas llenas,
de objetivos que no cumplimos, de proyectos inacabados,
sin darnos cuenta que nuestro proyecto y objetivo
es quien tenemos a nuestro lado.
Pero la espera nos llama a detenernos,
a preguntar por qué corremos,
a mirar despacio lo que somos
y llevamos dentro.
Porque si es tiempo de espera,
¿no habrá que parar?
¿Quién vela corriendo?
¿Quién cuida lo que ama
si se pierde entre tantas tareas?
Adviento es volver al centro,
dejar que hable el silencio,
y recordar que Dios llega siempre
a los que saben esperar.
“Bienaventurado quien se entrega, sin medir y sin nada esperar.
Bienaventurado pues su vida ha desgastado por quien no puede pagar”.
Fali Moreno Rodríguez
Me ha gustado mucho la reflexión, pero en mí, resuenan mucho las dos frases finales, "Bienaventurado el que se entrega sin esperar, pues se gasta por el que no puede pagar"
ResponderEliminarLo comparo con el "haz el bien y no mires a quien" esa es la respuesta que Cristo nos pide, y que muchas veces no sabemos dar. El ve en lo escondido y al final, Él es quien juzga, como lo podría ser de otra forma.
Dios sabe siempre, porqué hacemos las cosas.
Gracias Fali.
Precioso como siempre!
ResponderEliminarMuy bueno.
ResponderEliminarMuy bonita reflexión, la buena Buenaventura es realizarlo,sentirlo como fuego en el corazón porque Dios está donde actúa en los hombres y mujeres de bien,no es mejor ser lo que se es con la mayor plenitud posible,para mí es la mejor Buenaventura,amar el todo con el todo porque el adviento es la espera de la esperanza aunque parezca que está todo perdido
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