En lo pequeño te encuentro, Señor,
en lo humilde, en lo callado,
donde el mundo no se fija,
ahí estás, siempre esperando.
En el rostro de los pobres,
en las manos desgastadas,
en los ojos que suplican
y en las voces silenciadas.
Tú no habitas en los tronos,
ni en la gloria de los fuertes,
te hallo en quien sufre en las sombras,
en quien vive entre la gente.
Eres Dios de lo sencillo,
del que poco tiene y da,
en el hambre compartida,
en la fe comprometida.
En siempre acoger
y cuidar toda la vida,
en los pasos de los frágiles,
tu esperanza no vacila.
En la calle polvorienta,
en el techo que gotea,
en la piel que siente el frío
y en el pan que no se entrega.
Fali Moreno

Gracias, por invitarnos a parar y ver en lo todo a Dios
ResponderEliminarGracias Fali
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