Y sin mirar atrás me puse a caminar,
No hubo despedidas,
ni tampoco bienvenidas.
La maleta siempre hecha,
la mochila siempre dispuesta.
No dijeron adiós,
ni tan siquiera perdón.
Con pasión me lancé,
nadie sabía el porqué,
pero en misión entregado, creyendo tal vez,
quizás iluso, de pasión me cubrí,
soñando futuros que nunca cumplí.
Atrás, en silencio, los sueños se van,
como hojas al viento, se pierden, se irán.
Nada es eterno, lo supe al partir,
aprendí que vivir no es solo existir.
Es luchar contra sombras, es amar el dolor,
es reír en el llanto, es crear sin temor.
Y sin mirar atrás, sin miedo a perder,
sabía que el camino era mi único deber.
Lo que dejé atrás no lo quise retener,
solo el fuego en mi pecho me hacía mover.
Es saber que, en el viaje, aunque todo se va,
lo que vale es el fuego que en el corazón quedará.
No hubo despedidas, ni promesas vacías,
solo el eco de pasos en nuevas avenidas.
Y aunque hoy en la bruma los recuerdos me den,
la nostalgia susurra lo que un día fue.
Aquellos caminos, aquellos quizás,
que quedaron dormidos, que no volverán.

Gracias
ResponderEliminarBasta con conocerte para saber lo que sientes.
ResponderEliminarUn verso que, con elegancia y profundidad, me envuelve en la constante dualidad de partir y quedarse. Evoca el viaje como un acto de fe y valentía, donde las despedidas se disuelven en el eco de pasos firmes, y el fuego interno es la única brújula. La nostalgia late suavemente, pero el verdadero poder reside en el impulso de avanzar, en la certeza de que el camino mismo es la razón de ser
ResponderEliminar¡Me ha encantado! Gracias una vez más.
ResponderEliminarAgradezcamos a esas "no despedidas" porque nos aviva ese fuego, del que hablas, para seguir adelante. Luchando, primero por nosotrxs mismxs, para luego dar lo mejor a las demás. Agradezcamos esa adversidad que nos ayuda a crecer en lo humano, en el respeto y en la belleza de sabernos estar. Ole una vez más, amigo, por la elegancia en tus escritos y en la expresión de tus emociones. Gracias!!
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