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La Belleza de Dios. Arte y evangelización.

La Belleza de Dios. Arte y evangelización. 

"Tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo". 

(Mateo 26)

La belleza de aquel momento en el que el Señor se nos da como único y verdadero alimento, pan partido y repartido, alimento cotidiano en el que se reconoce la presencia de Dios, presencia siempre viva, Jesús Eucaristía.

Belleza que conmueve, pues quien ante el Sacramento del altar se detiene, al contemplar tan inefable presencia, solo es capaz de pronunciar la oración de Santo Tomás de Aquino, quien con la mirada fija en aquel que sostiene la vida, es capaz de decir: 

"Te adoro con devoción, Divinidad oculta, verdaderamente escondido bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte".

El arte al servicio de la evangelización no busca impresionar, sino tocar el corazón y nuestra espiritualidad para acercarnos a Dios. 

La liturgia solemne, los cantos de alabanza, las custodias, palios o alfombras de tierra y sal, altares en la calle que quizás nos suenen a tiempos pasados, pero que son fruto de la tradición que con carácter renovado ofrecen generación tras generación todo lo que tienen, para que, como dice el refranero español, ese jueves de Corpus reluzca como el sol:

"Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el Día de la Ascensión".

Basta con contemplar la escena, para reconocer la grandeza del Señor que avanza en procesión por nuestras calles, de pueblos o ciudades y a su paso se reconoce que  tras la belleza del momento, desde el exterior se adentra en nuestra vida, y en lo profundo transforma nuestro interior, para poder decir cómo san Agustín, te amo Señor. 

¡Tarde te amé,

belleza tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y veo que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no lo estaba contigo.

(San Agustín)

Las lluvias de pétalos de flores, las alfombras con todos sus colores, altares en las calles, y como melodía “Cantemos al amor de los Amores, Dios está aquí venid adoradores”, anuncia la alegría de la presencia de Dios en lo cotidiano de nuestra vida. Proclamando al mundo entero, la presencia del Señor en acción.

El Papa Francisco, sintetiza de forma magistral esta idea para la Asociación de artistas "Diaconie de la Beauté" en su décimo aniversario, "Si hay belleza, es porque Dios es bueno y nos la da. Y esto nos da alegría, nos tranquiliza, nos hace bien. El contacto con la belleza nos eleva, siempre, la belleza nos hace ir más allá". Despertando y sosteniendo la fe, "Es un camino para ir al Señor".

En el pan y en el vino consagrados, se esconde el amor más divino, la presencia real de Jesús, que nos llena de gozo y nos pone en camino. 

En procesión recorremos las calles, con cantos de alabanza y oración, proclamando al mundo entero, la presencia del Señor en acción.

Las alfombras de flores y hierbas, decoran el camino con esplendor, simbolizando la belleza divina, que en el Santísimo Sacramento está en flor.

¡Bendito sea el Santísimo Sacramento! 

En ti encontramos vida y salvación, que tu presencia transforme nuestras vidas, y nos lleve a la eterna comunión.

Fali Moreno











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