“Busca el silencio,
ten alerta el corazón,
calla y contempla”
El silencio del sábado
nos habla de todo lo pasado.
En el cenáculo
continúa el aroma del Maestro,
la jofaina y la toalla, ahora quedan a un lado.
La mesa quizás sin recoger,
recuerda el Pan y el Vino
en las manos de Jesús,
manos que después
atravesaron los clavos fríos.
Y sus discípulos,
a los que Él había amado,
se quedan sin palabras
en el silencio del sábado,
solo pueden recordar
al buen Jesús,
al que han visto cargar con la cruz.
Las lágrimas de María
nos recuerdan el “Sí”
de quien como Madre confía
diciendo, Padre acepto este sufrir.
El dolor es inevitable
por el sufrimiento que su hijo ha vivido.
La que, siendo Madre del Hijo de Dios,
mujer que ÉL ha escogido,
llora, como cualquier madre que
ve a su hijo en el sepulcro metido.
Hoy en su corazón resuenan las
palabras de Simeón:
"Y a ti, Madre,
una espada de dolor
te atravesará el corazón..."
(Lucas 2,22-40)
La cruz ahora vacía
nos invita a recordar,
que el Hijo de Dios su vida nos vino a dar.
Callar, contemplar y confiar,
como lo hizo María.
Enséñanos Madre,
a esperar en el silencio,
en la templanza de Madre que confía.
Y en tu “Sí” generoso,
llévanos siempre a Jesús,
ya que, en el pesebre o en la cruz,
Madre, a sus pies,
siempre estuviste tú.
Fali Moreno
Llevanos siempre a Jesus...
ResponderEliminar