“Esperar es sentarse, descansar, contemplar y, después, comenzar a caminar.”
Comienza un tiempo de espera, y para esperar hay que parar. Nadie espera mientras camina, mientras corre o mientras se esconde en una esquina y acelera el paso para poder preparar el tiempo de las felicitaciones y regalos.
Sino que, en su esperar, se para, y así puede ver llegar a quien espera. Es entonces cuando la espera se convierte en esperanza, ya que el tiempo no ha pasado en vano y te puedes poner a andar.
Pues solo se avanza cuando se tiene la certeza de que Aquel que camina a tu lado ha venido para quedarse, ya que es Emmanuel, el rostro de Dios en un niño encarnado.
Es imposible percibir lo nuevo que está brotando entre el bullicio de la gente a tu lado, gritando o corriendo para llegar a cualquier lugar. Sin importar nada más, su esperar es solo el medio de transporte que le lleva a otro destino.
En este correr desenfrenado de un mundo cada vez más agitado, en el que cada día brotan cosas nuevas que alejan lo humano de lo esencial, para acercarlo a lo mundano, debemos parar.
Parar para contemplar la vida, y poder ver si nuestro interior está preparado para su venida.
Si has limpiado el polvo del dolor, de las injusticias y de las faltas de caridad, y de esas cosas que nos alejan de quien, en nuestra historia, se encarna con el rostro de la MISERICORDIA y la VERDAD, entonces podrás esperar.
¿Cómo puede ser tu corazón cuna del amor sin hacer limpieza alguna?
Parar y contemplar: mirar el mundo, nuestra sociedad, mi familia, nuestra propia humanidad; y en ese mirar, preguntarnos si soy testigo de Aquel que está por llegar.
Él se hace pequeño y, desde lo sencillo, viene para ser, en nuestra realidad, uno más.
Él pide posada, entrar en tu casa, como en la casa de Nazaret, y nacer en medio de lo que a tu alrededor pasa.
Si Aquel que, siendo Rey, quiso nacer entre una mula y un buey, ¿no tendrá un lugar para hacerlo en tu hogar?
Esperar es parar, para ver entre la multitud la esperanza brotar; entre los pequeños y sencillos, entre aquellos que imploran cariño, para anunciar el verdadero AMOR, que, envuelto en pañales, es Dios.
Y en ese esperar, no podemos dejarnos llevar por la comodidad; sino que es un parar para reflexionar, sabiendo que tenemos que ser portadores de la Buena Noticia, de quien, habiendo llegado ya, nos regala el tiempo propicio para que nuestro parar sea un continuar.
Parar y esperar es tener la certeza de que, ante nuestra mirada, cada día acontece la más absoluta belleza: Dios hecho hombre.
Dios no se esconde, pues es el rostro de Aquel con quien a diario te tropiezas, ya que somos imagen de la más sublime belleza.
Adviento es espera,
y la espera nos lleva
a la esperanza siempre nueva,
siempre bella, que nos invita a parar,
para poder continuar.
Adviento es mirar la estrella
que indica el camino,
y, tras ver su esplendor,
poder contemplar la belleza
que anuncia la llegada del Señor.
Adviento es cada día
en el que el hombre para, espera y confía
en que la llegada del Mesías
es el amor sin medida
que hace plena la vida.
Rafael Cristo Moreno Rodríguez
Gracias , Rafael
ResponderEliminarGracias al lugar , a la comunidad , al grupo puedo sentarme a contemplar cada semana a esperar que lo Divino surja en la vida cotidiana a pesar de tanto ajetreo.
Gracias por ofrecer esta oportunidad.
Nuestro corazón sin a veces darnos cuenta, espera, es espera. Espera del único que responde a todos nuestros afanes y en los que muchas veces, perdemos la vida viviendo. Sin darnos cuenta de que él ya está y solo aguarda a que le dejemos entrar.
ResponderEliminarEfectivamente para ello hay que pararse y escuchar nuestro corazón.
Feliz Adviento.
cada día espero a Aquel o Aquella que siempre está a mi lado y que yo esquivo por ocuparme de las tareas de este mundo existencial,
ResponderEliminarpero si dedicara tiempo al mundo esencial ,Aquel o Aquella se encarnarían en mí en forma de Percepción Crística en este tiempo de ADVIENTO o de ESPERA o de ESCUCHA DE LA VIDA.
gracias Rafael