Cada año, me gusta decir que esta es la festividad de la memoria siempre agradecida.
Una fiesta que no solo recuerda, pues el recuerdo a veces se olvida, sino que conmemora; y ese acto de conmemorar lleva en sí mismo un homenaje y una celebración de la vida de aquellos que ya no están.
De quienes un día nos dieron la vida y que, sin estar, siguen presentes en nuestro día a día.
Un tributo que mira al pasado, no con nostalgia por lo que guardamos dentro, sino reviviendo lo que quedó grabado en el corazón.
Vivir con una memoria agradecida hacia tantas y tantos que nos precedieron y allanaron nuestro camino con esfuerzo, pues a veces, al vivir tan solo en el presente, olvidamos el pasado. Olvidamos a quienes trazaron los senderos por los que hoy andamos, a quienes vivieron tiempos difíciles, mis abuelos, los tuyos, que con el trabajo de sus manos, construyeron nuestro futuro.
Homenajear la vida de quienes caminaron a tu lado, de quienes con una mano delicada acariciaron tu rostro mil veces; esa misma mano que, con solo una mirada, hablaba sin palabras, porque en el amor, a veces, sobran las palabras.
Hoy es día de hacer memoria agradecida por quienes un día cruzaron tu camino y orientaron tu destino; por aquellos desconocidos que, a lo largo del tiempo, se convirtieron en amigos y que, un día, inesperadamente, tomaron otro rumbo, aunque aún sean compañeros de viaje.
Conmemorar nuestras tradiciones, nuestra esencia y nuestras expresiones, que el tiempo no ha dejado en el olvido, ya que cada día alguien las revive, las transmite, y así, hoy forman parte de nuestra cultura, de nuestro ser, de nuestra vida diaria.
Memoria agradecida por quienes no tuvieron una oportunidad en la vida y que ahora, desde el cielo, no dejan de acompañarnos, de cuidarnos, de mimarnos.
Conmemorar es también perdonar y, tal vez, hasta olvidar, pues los errores del pasado también han forjado los aciertos de nuestras vidas, y solo perdonando es posible vivir en gratitud.
Gracias por construir mi camino,
por estar, aunque no siempre te vea conmigo,
por cuidarme, quererme, e incluso corregirme,
por enseñarme sin decir palabra, de tal modo que he llegado a imitarte.
Gracias por ser comienzo, proceso y destino,
por tantas lecciones que llevo siempre conmigo,
por ser bastón y soporte en este andar,
que sin duda fue más fácil al tenerte cerca:
madres, padres, abuelos, tíos, hijos o sobrinos, vecinos y amigos.
Memoria que conmemora a quienes en mi vida fueron verdaderos testigos.
Fali Moreno

Que bonita explicación para poder comprende lo que tan difícil y fácil es . Todo consiste en Amar.Gracias amigo
ResponderEliminarPrecioso homenaje. Me quedo, sobre todo, con aquello que dices "Gracias por ser comienzo, proceso y destino", pues ellxs comenzaron lo que hoy buscamos ser... Gracias!!!
ResponderEliminar