Pasamos indolentes ante el sufrimiento de tanta gente.
Las pateras
vienen llenas, pero de ilusiones siempre ajenas.
El exilio se
convierte en un grito de auxilio, y la vida tiene un precio con visa de
desprecio.
La enfermedad
no es para tanto, siempre y cuando yo no sea uno de tantos.
La pobreza no
es problema, que cada uno busque su faena.
Los niños
tienen derechos, pero solo si vives al otro lado del estrecho.
Nos escondemos
tras el visillo, cuando el que maltrata saca el cuchillo, y no somos capaces de
denunciar, lo que anunciamos en otro lugar.
Presumimos de
tolerante, pero lo diferente quítamelo delante.
Somos todos
iguales, y para que no me comparen, mejor vivir distantes.
Nos encanta
la libertad, y al mismo tiempo prohibir y condenar.
La vida es mi
vida y no la de los demás.
Y ante esta humanidad, no nos queda más que contemplar para luego poder actuar.
Fali Moreno

Vivir comprometida en unión con los que sueñan otra vida
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