Ir al contenido principal

Amar EN este tiempo.

Nos encontramos inmersos en un ir y venir de sentimientos. En los últimos meses hemos sido testigos de una nueva realidad que sin duda alguna marcará nuestras vidas para siempre.

Ante nuestra mirada han aparecido diferentes señales, carteles e iconos que nos invitan a mantener la distancia social, a limitar el aforo en diferentes espacios, y como no, el uso de mascarilla como método preventivo, que no solo nos protege, sino que protege a los demás.

También hemos incluido en nuestro vocabulario nuevas terminologías que hace un año no podíamos llegar a imaginar: confinamiento, grupos burbuja, fases horarias... Incluso hemos cambiado algunos códigos del lenguaje, pasando por saludar con el codo a llevar las manos al corazón o hacer una pequeña inclinación.

Estos son nuestros nuevos tiempos, y como diría Santa María Eugenia de Jesús: “debemos amar el tiempo que nos toca vivir”.

Sé que amar esta realidad es bastante complicado, e incluso llegue a chirriar en nuestros oídos. 

¿Cómo se puede amar un tiempo que ha generado tanto dolor?

Quizás la manera de amar ESTE tiempo sea amar EN este tiempo, y hacerlo desde una lejana cercanía. Con distancia social pero cercanos en nuestros gestos, palabras y detalles. 

Sonriendo en cada momento, no olvidemos que los ojos son el espejo del alma, y que tras las gafas incluso a veces empañadas, se puede atisbar la alegría en tu mirada. 

Limpiando las cosas constantemente, pero poniéndolas a disposición del otro, dando y dándonos por completo.

Sembrando esperanza, que esto se puede hacer incluso hasta con la cara tapada. Desde lejos, con uno o dos metros de distancia, pero acogiendo en cada momento la vida y sobre todo cuidando de ella.  

Este es el tiempo de las llamadas o las videollamadas, del mensaje, del whatapp y de mil inventos más que nos permiten visitar desde lejos pero cercanos en el encuentro. 

No se trata de crear distancias y alejarnos de la realidad, sino de hacernos presentes, sabiendo que este es el tiempo que nos toca vivir, amar y sentir.

Amar en lejana cercanía conlleva el respeto por lo humano, saber que a quien tenemos enfrente es terreno sagrado y como tal hay que cuidarlo, amarlo y respetarlo. Que hoy cuidamos si me cuido y que protejo si me protejo, nunca antes fue tan fácil hacer algo por los demás.

Amar EN este tiempo, lejanos pero cercanos: una manera de amar NUESTRO tiempo.

Fali Moreno 



 

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

La Cuaresma un hecho que irrumpe y nos provoca

La Cuaresma vuelve cada año como una llamada discreta pero insistente al corazón humano, como un hecho que irrumpe y nos provoca. No es simplemente un tiempo de prácticas externas, sino la ocasión de verificar qué sostiene realmente nuestra vida. En medio del ruido y la dispersión, la Iglesia nos ofrece estos días para redescubrir algo elemental y decisivo, sin oración el cristianismo se reduce a ética, a tradición cultural o a emoción pasajera. Se vuelve discurso, memoria de algo que fue. Con oración, en cambio, la fe vuelve a ser experiencia viva, acontecimiento presente. Porque la oración no nace ante todo de un mandato, sino de una necesidad. Es la expresión más verdadera del yo cuando toma conciencia de sí mismo. El hombre es mendicante por naturaleza, su corazón siempre está en espera, como deseo de plenitud, de justicia, de amor que no termine. Cuando esta necesidad no encuentra su nombre verdadero, se dispersa en mil sustituciones, en ocasiones generadas por nosotros mismo, pa...