Al final de día, cuando solo
queda el silencio de la noche, cuando el bullicio de la calle se apaga a medida
que se encienden las luces en la noche callada. Cuando la luna ilumina la playa,
cuando la brisa del mar deja de ser cálida y corre un aire que cala.
Al final del día, cuando el sol
se oculta entre las montañas y parece decir ¡hasta mañana! Cuando la cabeza
reposa sobre la almohada y cansado apagas la lámpara y te despides de quien
amas.
Al final del día, en la oscuridad
y en la noche callada, brotan desde nuestro interior las voces que nunca callan.
Esas voces que nos recuerdan lo que hicimos y lo que dejamos de hacer, a quien dije:
¡hola! e incluso a quien no saludé. Voces que no callan y que no podemos
callar. Es la voz de nuestra conciencia que nos invita a rectificar, agradecer
e incluso a perdonar.
Al final del día solo me queda
decir: ¡hasta mañana!, perdón y gracias.
Rafael Moreno

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