Ir al contenido principal

Educar en proximidad

Basta con echar la vista atrás para descubrir las diferentes etapas de la educación a lo largo de la historia de la humanidad. Hombres y mujeres que, dando respuesta a las necesidades de cada época, intentaban dar soluciones en clave de educación para la sociedad que les tocaba vivir. Desde los primeros momentos de la historia, el ser humano ha sentido la necesidad de transmitir aquellos conocimientos que consideraba importantes para la supervivencia. La caza, la ganadería, el fuego y la agricultura fueron, sin duda, las competencias educativas de la sociedad primitiva, que dejaron un legado y hoy se extienden a través de las generaciones.

De este modo, siglo tras siglo, se han ido implantando diferentes formas de educar, en ocasiones acertadas y en otras no tanto. Pero la realidad es que, en la actualidad, podemos afirmar que la forma de educar que configura la sociedad, el pensamiento, la reflexión y las familias es el fruto de aquello que se aprende en cualquier ámbito, ya sea escolar o doméstico.

Diferentes teorías, métodos y disciplinas han llegado a nuestra época. Quizás algunos hayan quedado anclados en el tiempo, y en otras ocasiones hemos podido ver que no todo sirve, y que lo que fue “positivo” en el pasado, en el presente tiene un cierto olor añejo. Cada época de la historia requiere una manera concreta de educar, que debe responder a las necesidades que surgen a lo largo de la propia historia.

El presente de la educación es un escenario bastante complejo, no solo por la cantidad de agentes que intervienen en el panorama educativo, sino por el propio entramado social. Vivimos en medio de una sociedad en constante movimiento, en un ir y venir cuyo ritmo es vertiginoso. Los trabajos, proyectos y las obligaciones familiares y sociales parecen marcar el ritmo de vida. Hombres y mujeres, hijos e hijas de nuestra época, nos hemos introducido en la dinámica del consumo, de las tecnologías y las redes sociales, entre otras realidades. Surgen en nuestra sociedad nuevas formas de relacionarse y de comunicarse, no solo con los demás, sino con el propio yo.

En las últimas décadas hemos sido testigos de la velocidad de la vida. A menudo vivimos en una carrera de obstáculos que nos hace mirar únicamente al frente, sin pararnos a contemplar aquello que acontece delante de nuestros ojos, no vaya a ser que alguien nos adelante y nos quite aquel triunfo que consideramos nuestro. La competencia impide que contemplemos.

Es curioso que, en la era de la estética, en ocasiones pasemos por alto la ética de la belleza, que se manifiesta ante nuestros ojos cada día, desde que amanece hasta que cae el sol. Acontecen mil y una situaciones que pasan inadvertidas por la carrera de la vida.

Quizás, entre tantas prisas, sea necesario, ahora más que nunca, una educación cercana, que nazca desde el conocimiento de la persona, desde una pedagogía de la proximidad, del amor, del acompañamiento. Una pedagogía que permita conocer al educando desde su realidad cotidiana. No debemos olvidar que las tecnologías han introducido un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicación que no solo se muestra entre emoticonos, abreviaturas de palabras o "likes" en redes sociales, sino que, en muchas ocasiones, nos ocultamos en perfiles que disfrazan nuestra realidad ante la vida. Sí, esos perfiles en ocasiones traspasan las pantallas de los móviles y ordenadores a la vida real, y nos encontramos cada día con personas o “con perfiles” que diseñan una vida a su medida, para evitar el sufrimiento de la propia realidad.

Es ante este escenario donde toma fuerza un educar desde la proximidad, que permita conocer la realidad de la persona, sus fortalezas, sus debilidades, sus inquietudes, la realidad familiar, la realidad local. No debemos olvidar que somos individuos que interactuamos con muchos elementos y que es necesario conocer cada uno de ellos para poder construir.

Parece algo inadecuado hablar de prisas o de proximidad en la actualidad, ya que nuestras vidas, nuestras agendas, nuestros proyectos, incluso nuestros “yoísmos”, se han visto paralizados por un ser microscópico. El COVID-19 quizás haya sido ese elemento desestabilizador que más nos ha hecho pensar en los últimos años. En las últimas semanas hemos podido escuchar desde el silencio esas preguntas existenciales que la humanidad había dejado de escuchar, no solo por los ruidos externos, sino por el miedo a sus respuestas.

Y es en este momento de la historia en el que no dejo de pensar en un educar desde la proximidad, la cercanía, o como dicen nuestros jóvenes, en un face to face. Educar desde la cercanía es más que saber el nombre de nuestros educandos o las necesidades educativas específicas. Se trata de encontrarnos con la persona, con sus pequeñeces, para poder dar respuesta a cada una de esas necesidades, no con grandes teorías, sino con estar al lado, un acompañar que haga sentir que en este camino de crecimiento no está solo.

Educar en la proximidad, nace con el deseo de dar respuestas desde lo profundo del ser a esas preguntas que surgen desde el interior humano y que urgen respuestas: ¿Quién soy yo? ¿Hacia dónde voy? ¿A qué estoy llamado? ¿Soy feliz? Estas preguntas emanan de lo más profundo del ser y que, quizás, preferimos silenciar por miedo a la respuesta. Seguro que muchos de nuestros educandos, durante estos días, se han formulado estas preguntas y han experimentado esa incertidumbre, que en ocasiones no sabemos nombrar, pero que enseguida paliamos con cualquier “entretenimiento” que nos aleje del sufrimiento.

Educar en la proximidad, en el amor, en la cercanía, es proyectar lo humano hacia nuestro propio yo. El ser humano es más que un conjunto de elementos externos que se configuran según normas y modelos propios de cada época; además, somos interioridad, profundidad, silencio, trascendencia. La interioridad permite mirar nuestra propia vida, nuestra propia historia, nuestros pensamientos, deseos y preocupaciones con los ojos del corazón.

La pedagogía de la proximidad se basa en las miradas, los gestos y el acompañamiento directo, un ir de la mano con aquel a quien queremos enseñar diferentes caminos y posibilidades de crecimiento personal, que desde el respeto ayuden a la construcción de la persona, sin cortar alas, pero orientando el vuelo. Fomentando siempre una pedagogía horizontal, un trato de tú a tú, que convierta el yo en una posibilidad de encuentro.

Quizás este sea el elemento diferenciador de la educación cristiana: una pedagogía horizontal que proyecte una pedagogía vertical. Cuando te sientes amado desde tu propia realidad, puedes entender el AMOR. La Encarnación es la mejor muestra de amor. Dios se hace hombre, no para teorizar, sino para acompañar a la humanidad y llevarla al Padre. Condescender, bajar, acompañar, escuchar y guiar son los objetivos de un Dios que acompaña sin juzgar. Y así, desde nuestra propia humanidad, el DIOS de la VIDA se manifiesta en nosotros. Dios hecho hombre. Un Dios bueno, que lejos de quedarse en su cielo, se abaja y toma nuestra propia condición humana, frágil y fuerte a la vez: “Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Filipenses 2, 6-11).

Educar desde la proximidad y desde el amor nos lleva a la certeza de que, en ocasiones, debemos ser alfareros y, en otras, barro. Se trata, sin duda alguna, de llegar a ser artesanos de la sociedad futura. Ser artesanos de un nuevo humanismo en nuestro trabajo de educación.


Fali Moreno (La)


Comentarios

Entradas populares de este blog

Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?

"¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para que mires por él?" (Salmo 8,5). Esta pregunta, que brota del corazón del salmista, es la misma que nace cada día en nuestra propia experiencia, somos tan pequeños frente a la inmensidad del universo y, sin embargo, Dios se inclina hacia nosotros con ternura y nos confía una misión inmensa. No nos creó como una pieza más de un mundo ya terminado, sino como cocreadores de la historia. Santa María Eugenia nos dirá: “Creo que cada uno de nosotros tiene una misión en la tierra”. (...) Y debemos esforzarnos en buscar cómo puede Dios servirse de nosotros para difundir su Evangelio. ¿En qué puede servirse Dios de nosotros? Quizás esa sea la pregunta que nos lleve de nuevo a la cita inicial: ¿Quién soy yo para que Dios se acuerde de mí, me mire y ponga las llaves de la tierra en mis manos? Dios, que todo lo puede, ha querido necesitar de nuestras manos, de nuestra palabra y de nuestro amor para que su Reino se haga visi...

Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte.

Bienaventurados los que esperan, los que, en medio del ruido, siembran esperanza en esta tierra llena de su gloria eterna. Que acontece en lo sencillo, en cada amanecer,  en cada gesto de cariño.  Bienaventurados los que despiertan despacio con los ojos puestos en el horizonte, donde la vida siempre es nueva aunque la mochila la lleves llena.  Bienaventurados los que se ponen en camino, los que allanan sendas, los que buscan a quien anda perdido y le ofrecen un paso más, una luz, un abrazo, la mano de un amigo. Bienaventurados los que hacen el bien sin ruido, los que descubren en cada rostro el suave resplandor de Dios-con-nosotros. Bienaventurados los que esperan sin prisa, los que se entregan sin preguntar, los que aman sin medir, porque en ellos florece la bondad que Dios siembra en la humanidad. Bienaventurados somos todos, porque en cada uno brilla un reflejo de Dios hecho hombre, y en ti, especialmente, la belleza secreta de su creación perfecta. Y en este tiempo de...

La Cuaresma un hecho que irrumpe y nos provoca

La Cuaresma vuelve cada año como una llamada discreta pero insistente al corazón humano, como un hecho que irrumpe y nos provoca. No es simplemente un tiempo de prácticas externas, sino la ocasión de verificar qué sostiene realmente nuestra vida. En medio del ruido y la dispersión, la Iglesia nos ofrece estos días para redescubrir algo elemental y decisivo, sin oración el cristianismo se reduce a ética, a tradición cultural o a emoción pasajera. Se vuelve discurso, memoria de algo que fue. Con oración, en cambio, la fe vuelve a ser experiencia viva, acontecimiento presente. Porque la oración no nace ante todo de un mandato, sino de una necesidad. Es la expresión más verdadera del yo cuando toma conciencia de sí mismo. El hombre es mendicante por naturaleza, su corazón siempre está en espera, como deseo de plenitud, de justicia, de amor que no termine. Cuando esta necesidad no encuentra su nombre verdadero, se dispersa en mil sustituciones, en ocasiones generadas por nosotros mismo, pa...