El
12 de marzo de 2020 tras la declaración del estado de alarma, se nos anunciaba
que entrábamos en confinamiento. Quizás la palabra confinamiento apenas la
habíamos usado en los últimos años y desconocíamos su significado y sobre todo
sus consecuencias.
El
Centro La Asunción del barrio La Alegría siguiendo las recomendaciones, cerraba
las puertas con la incertidumbre de no saber cuándo regresaríamos a la
actividad, aunque deseábamos que fuera pronto algo nos decía que se dilataría en el tiempo.
Las
primeras semanas quizás fueron las más duras emocionalmente hablando, ya que el
constante flujo de información, el número de contagiados y de víctimas
acrecentaba en muchos de nosotros la angustia de no saber lo que estaba
pasando.
Desde
el primer momento el Centro La Asunción continuó su misión de “acoger la vida y
cuidar de ella”, las llamadas de teléfono, los mensajes de WhatsApp y las video
llamadas se convirtieron en la forma de comunicación con nuestros usuarios,
muchas veces para resolver dudas académicas, gestiones administrativas y muchas
otras para poder acompañar con una palabra de aliento y esperanza a quienes lo
necesitaban.
En
este tiempo de pandemia, la Asunción de la Alegría, ha vivido con fuerza ese
sentimiento de familia y de pertenencia que caracteriza nuestro quehacer
diario. Pudimos vivir la Cuaresma con fuerza, compartido gestos, palabras y
símbolos. Quién nos iba a decir que la propuesta del Centro de vivir la
cuaresma con una mirada EcoAsunción tomaría tanto sentido, ya que sin duda alguna
ha sido una auténtica reconciliación desde nuestro RECICLAR, REDUCIR y
REUTILIZAR en la VIDA y desde la VIDA. La Semana Santa también fue un momento
de poder vivir juntos la Pasión de nuestro Señor. De una forma muy especial,
cada día pudimos compartir desde nuestro #yomequedoencasa
gestos, palabras y testimonios que nos hacían formar una comunidad que desde la
distancia se unía.
Muchos
fueron los gestos compartidos en nuestras redes sociales, los Ramos de Olivos
de nuestros niños, el Vía Crucis con las familias del barrio y hasta
juntos encendimos el Cirio Pascual de la
capilla del Centro.
El
día al día del confinamiento se hacía duro, de forma especial a las familias
que no disponían de los recursos necesarios para realizar las tareas que
enviaban desde el colegio. En ocasiones, la mayor dificultad no era la conexión
a internet, o la falta de un dispositivo electrónico, sino el desconocimiento a
la hora de utilizar la tecnología en el ámbito educativo. Las plataformas
propuestas por los colegios fue el mayor hándicap para muchos de nuestros
usuarios ya que rara vez la habían utilizado.
Dar respuesta a cada de una de la necesidades que iban surgiendo no fue tarea fácil. Factores como la brecha digital, la falta de recursos educativos en el ámbito doméstico, los ERTES, entre otras necesidades, afectaron a muchas de nuestras familias. Pero poco a poco con solidaridad, creatividad, ilusión y haciendo uso de nuestros recursos materiales y humanos, pero sobre todo poniéndonos en las manos generosas del Padre, las cosas han ido saliendo.
En
estos últimos meses no he dejado de pensar en la cantidad de “brechas” que
existen en nuestra sociedad. En ocasiones, ponemos mayor énfasis en aquellas
que por un motivo u otro se manifiestan de forma especial en algún
acontecimiento concreto. La brecha digital, es sin duda alguna preocupante,
sobre todo en una sociedad cada vez más “conectada” por la red. Sin embargo,
existen otras “brechas” a la que debemos dar respuesta de forma urgente. La
falta de recursos para hacer las tareas, la ausencia de los padres en casa por
diferentes motivos, la escasa organización en el hogar y problemas familiares
entre muchos otros factores, es la dura
realidad con la que convivían nuestros niños antes del Covid, pero que
se ve realmente agravada después de la pandemia.
Por
esta razón, desde el Centro La Asunción queremos dar repuestas a las
necesidades que han surgido en los últimos tiempos, apostando por una pedagogía
de acompañamiento y de cercanía.
Estamos
y nos sentimos llamados a trabajar con fuerza por una educación transformadora,
que nos permita crear nuevos horizontes esperanzadores para cada una de las
familias que cada día vienen a nuestra casa para compartir la vida.
Rafael Moreno. Centro de la
Alegría. Santa Cruz de Tenerife.
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